El propósito que nos anima al crear este nuevo blog es mantener vivo en el recuerdo ese retazo de tierra taína que nos vio nacer: Banes, acercando a todos los Banenses a través de la evocación de imágenes y recuerdos. Es el sitio virtual idóneo para detenerse a conversar, como en los viejos tiempos, relatando anécdotas que nos lleven definitivamente al reencuentro con el pasado. Complementa nuestra exposición una iconografía banense, así como una galería de banenses ilustres.

jueves, 29 de julio de 2010

Johnny Mathis - Chances Are

Johnny Mathis - It´s Not For Me To Say

Unforgetable - Nat King Cole

NAT KING COLE - Ay Cosita Linda (Slide) Calypso? Mambo? Salsa?

nat king cole - piel canela(me importas tu y tu y tu)

nat king cole - cachito mio

Nat King Cole en español

gavilan o paloma el la voz de pablo abraira

PABLO ABRAIRA-O TU O NADA

martes, 27 de julio de 2010

CARLITOS CANAVACIOLO UN FRAGMENTO DE MI LIBRO DE CRÓNICAS Y MEMORIAS BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA.

CARLITOS CANAVACIOLO

Como digo, desde muy pequeño era aficionado a asistir a los funerales, nunca solo, siempre iba con Cuca, una de mis medio hermanas mayores o a veces con el mismo Pepe. Recuerdo además que visitaba con mi mamá a personas muy enfermas, como es el caso de Chicha Silva, quien murió unos meses después de nuestra visita. Quizás el entierro que más me impresionó fue el de Octavio Silva, una figura muy importante  dentro de la política local y hombre muy probo.                                                          
                                     
Vivía a la entrada del pueblo, frente a la Carretera de Veguitas, por lo que pude ver el desfile funerario. Fue muy emotivo e impresionante. Esa imagen me hirió la imaginación y en ocasiones la sueño.
También recuerdo otro funeral que no dejó de impresionarme. Pasando la Curva de los Quiñones como comenzó a llamarle el vulgo al sitio donde fatalmente perdieran la vida el padre y el tío de mi mejor amigo, Pedro Quiñones Ruiz , vivía el señor Antonio Díaz, quien curiosamente compró el auto que atropelló en La Habana a la popular actriz española María Valero, ocasionándole la muerte.
En ese auto acompañé muchas veces a mi madre a ver a mi abuela Mamá Fela. Recuerdo que traía una calcomanía de la artista pegada al parabrisas.
Una hermana del señor Antonio Díaz, no recuerdo su nombre, se volvió histérica cuando iban a retirar el cadáver de su madre para enterrarla.
Lo recuerdo perfectamente. La pobre mujer gritaba y quería impedir a los funerarios que condujeran el ataúd hasta la carroza. Se paseaba por los amplios corredores de la casona cantando entre sollozos: " Mírala qué linda viene. Mírala qué linda va. Es mi linda madrecita. Que se va y no vuelve más "...
La imagen que yo tenía de la muerte no era tétrica, tampoco divertida, sino más bien indiferente, tal vez por el hecho de que nunca vi a los difuntos durante la agonía. Lógicamente me impresionaban las escenas de dolor de sus familiares dolientes, pero como a mí me negaron la muerte de mi abuelita, no pude sentir de verdad todo el peso de esa angustia y ese vacío que nos deja en el alma la partida de los que queremos.
Todo eso cambió para mí cuando un accidente del que fui testigo le segó la vida a un niño llamado Carlitos Canavaciolo casi enfrente de nuestra casa. El hecho ocurrió una tarde previa al Día de Reyes, cuando su abuelita y el niño se bajaron de un ómnibus de la línea Crespi que cubría la ruta Banes-Holguín.
Venían de esa ciudad justamente a donde habían ido a comprar juguetes. Una vez que dejaron la "guagua", el niño se le soltó de la mano a la abuela y salió corriendo para llegar de sorpresa a su casa y mostrar sus juguetes y una camioneta negra, como embajadora de la muerte, conducida a toda velocidad, le arrancó la vida al pequeño.

Yo alcancé a verlo todo. Los gritos de la abuela y los de mi madre que confundió el nombre de Carlitos por el de Ricardito, aún repercuten en mis oídos. Mi hermanito, si mal no recuerdo, también presenció junto a mí el trágico accidente.

Después vino el funeral, al que asistí junto a mi mamá. No quise ver el rostro del pequeño en el ataúd como era mi costumbre en los otros funerales de personas adultas. En ese momento creo que pude comprender el fenómeno de la muerte, y un sentimiento de desgarramiento y desolación se arraigó en mi interior.
Desde ese acontecimiento entendí que la muerte era la separación, por lo menos aparente, entre los seres que se aman
.
Atiborré a mi padre de interrogantes a las cuales quiso responder de alguna forma inteligible a mi edad.
La muerte, según él, no era el final de nuestra existencia, sino el tránsito a una vida más plena, en una dimensión más real que la física. Me citó a Martí: " La última mirada de los moribundos nos indica una cita, no una despedida. La vida humana sería una invención repugnante y bárbara si sólo estuviese limitada a la vida en la Tierra. No, la tumba es vía y no término "...

Yo veía a mi padre como a un sabio. No había una sola pregunta o interrogante que le formulase que no me la contestara satisfactoriamente. Pero en esta ocasión no pudo convencerme muy fácilmente. El hecho estaba a la vista. La gente se moría y desaparecía para siempre.

Le hice la misma pregunta a mi maestra y le conté la respuesta que me dio mi padre al respecto. Quien me respondió fue su esposo, Don Alejandro, un hombre de trato un poco áspero. Me dijo: " nadie jamás ha visto a un muerto. Todo eso son pamplinas. Cuando a uno lo entierran siete pies bajo la tierra jamás vuelve a salir. Eres aún muy pequeño y no te dejes llevar por la fantasía que tu padre quiere meterte en la cabeza. Esos libros que Don Juan lee lo van a volver loco y si no te cuidas vas a terminar también loco o poeta soñador".

A la distancia de los años y después de evidenciar una serie de fenómenos auténticos de la casuística paranormal. Con una psicofonía o la voz de un "muerto" grabada "accidentalmente" en mi computadora, le podría responder al viejo Don Alejandro, si aún se encuentra en este plano físico, que le perdono su ignorancia con respecto a la "salida de sus tumbas" de los llamados muertos, porque para aquella época quizá nunca pudo leer sobre la evidencia científica del periespíritu o cuerpo espiritual, como le llamó San Pablo a ese vehículo sutil que acompaña al espíritu antes de animar un organismo biológico y que le sigue en su nueva condición de espíritu liberto. Y tal vez en lo que podamos coincidir sea en lo de convertirme en un "poeta soñador".

La verdad es que comencé este coqueteo con las musas desde mis días infantiles, cuando concurría a su casa convertida en plantel, dejándome arrullar a veces por la brisa entre las ramas del viejo canistel, donde a escondidas escribía mis primeros versos, mientras le oía a él riñendo con su pequeña hija o escupiendo una blasfemia .

© René Dayre Abella Fragmento del libro de relatos testimoniales Banes: La Piel de la Memoria, en proceso de edición.



EN ESTA VIEJA FOTO TOMADA EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS NÚMERO SIETE, APARECE LA NIÑA BELKIS CANAVACIOLO, HERMANA O PRIMA DE CARLITOS, ES LA PRIMERA NIÑA DE LA DERECHA.

domingo, 25 de julio de 2010

EN LA CASA DE ISOLINA UN FRAGMENTO DE MI LIBRO DE RELATOS TESTIMONIALES BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA.

En la foto, Isolina Feria Ricardo, en los jardines del Centro Benéfico de Guantánamo, en la antigua provincia de Oriente.

                                                                                              Foto © Víctor García


EN LA CASA DE ISOLINA

En ocasiones acompañaba a mi madre a la Casa de Isolina. Era muy pequeño y ella me conducía de la mano. Nos llevaba siempre Don Antonio Díaz, en su coche de alquiler. Un viejo Mercury del año l948. Recuerdo aún la calle Canales sin asfaltar y los dos frondosos ficus enfrente de la modesta vivienda. Las paredes interiores resumían ese toque de pulcritud que deja la cal sobre la madera rústica. Al franquear la puerta principal nos esperaba la sala de estar, donde obligatoriamente debíamos esperar unos minutos hasta ser llamados al salón donde Isolina, junto a sus médiums, desenvolvía la reunión espiritista.

Isolina era una mujer de rostro muy dulce y afable. A mi tierna edad se me antojaba una especie de abuelita. Llevaba el pelo siempre recogido, luciendo canas y vestía siempre de blanco. Se sentaba a la cabecera de una enorme mesa rodeada de sillas, donde sentaba a sus médiums formando una "cadena fluídica”, sin tocarse las manos.

Mis curiosos ojos infantiles no dejaban de escrutar cada rincón. Me llamaba la atención la galería de fotos enmarcadas en la pared. El retrato más conocido del Maestro Allan Kardec presidía esta galería. Luego seguirían fotos de León Denis y en un rincón sobre un estante de libros, la más divulgada de las fotos de Doña Amalia Domingo Soler, la notable figura del Movimiento Espiritista Hispano o la Cantora del Espiritismo, como cariñosamente la han llamado los espíritas de varias generaciones.

Asombraba un poco a las personas poco familiarizadas con estos ambientes y que confunden al Espiritismo con una especie de secta sincrética, donde se mezclan las prácticas del mediumnismo con las creencias católicas, el hecho de no encontrar en estas paredes, ni en ningún otro sitio de la humilde vivienda, imágenes religiosas.

Esta atmósfera de lecturas, fotos de ancianos de luengas barbas en las paredes, estantes desbordados de libros y revistas me llevaban a la percepción de que la Casa de Isolina era más bien una escuela, donde mi mamá y las demás mujeres que se sentaban en torno a la mesa simplemente seguían unas clases de estudio académico, impartidas en este caso, por la maestra Isolina.

Mi mamá me dejaba casi siempre en la habitación de Alejandrina o Aleja, como cariñosamente le llamaban sus parientes a una de las hermanas de Isolina o con la mamá de ellas, Doña Juana. El recuerdo que conservo de estas dulces viejecitas es el de que ambas me ofrecían frutas, particularmente naranjas y mangos y me hablaban muy quedo para no interrumpir las "clases" que tomaba mamá junto a sus amigas.

De vez en cuando alcanzaba a oír a Isolina que decía: "Dale curso", a alguna de las médiums y no alcanzaba a entender lo que ello significaba.

Otra de la cosas que atrajeron mi curiosidad era el desfile de botellas de vidrio transparente llenas de agua que esperaban sobre la mesa para que Isolina las "magnetizara" y quizá lo más curioso es que las personas que acudían a estas reuniones acostumbraban a llamar a estas aguas "medicina espiritual". Según el testimonio de algunas personas muy dignas de crédito que se dedicaban a estudiar estos fenómenos de carácter paranormal o estudiosos de lo psíquico, como se les llamaba entonces, esa "medicina espiritual" era agua fluidificada por las entidades espirituales y tenía la virtud de curar diversas dolencias y enfermedades.

Isolina, según el testimonio de mi madre y el de otras personas que la conocieron desde muy joven, había mostrado el desarrollo de una serie de facultades mediúmnicas desde muy pequeña. Hija de una familia muy humilde, los Feria Ricardo, Isolina comenzó a sufrir desde la temprana infancia asma y ciertos ataques de epilepsia, además de otros trastornos mentales, como la pérdida de la conciencia y de la memoria, invasión o incorporación de otras "personalidades" en su yo psíquico.
Los pocos médicos que le vieron la creyeron loca y los religiosos fanáticos "poseída".

Así las cosas, sus padres la llevaron como un último recurso a un sanador espiritual o "curandero" en la localidad de Aura, cerca de Gibara en los años inaugurales del pasado siglo. Este hombre se consideraba un humilde misionero espírita. Había peleado durante la Guerra de Independencia, como un soldado mambí y una vez terminada la contienda se retiró a vivir muy humildemente con su familia a Uñas y luego a Aura, unas localidades cerca de la vecina Gibara.

Allí poseía un Centro Espiritista, siguiendo el ideario filosófico kardeciano, que enmarcaba las enseñanzas provenientes de los Espíritus Superiores dentro del sublime mensaje evangélico. A este humilde siervo del Señor, como le gustaba auto nombrarse, se le conocía como Nine Sierra.

Las personas que lo conocieron, incluyendo a mi madre y a mis tíos, fueron testigos de una serie de fenómenos de efectos físicos, tales como aportes y desaportes de objetos y materializaciones ectoplásmicas a través de su mediumnidad.

Los padres de Isolina no daban crédito a la maravillosa recuperación operada en su hija adolescente. Isolina en gratitud por los favores divinos recibidos quiso entregarse devotamente a divulgar la Obra, extendiendo desinteresadamente esas dádivas divinas de la curación a los enfermos, a través de sus propias facultades mediumnímicas, plenamente desarrolladas en esta ocasión, gracias al encuentro con este poderoso médium y sanador paragnosta.

En los tempranos años sesenta quise investigar un poco sobre esta fascinante figura del Espiritismo local y contacté entre otras personas a Cecilia "Nena" Aguilera, quien me confesó casos y anécdotas realmente increíbles y sorprendentes sobre las curaciones y demás fenómenos que se dieron en torno a la mediumnidad de Isolina Feria Ricardo.

Lo que más me sorprendió fue conocer la génesis de un pequeño libro que con el título de "Luz en el Sendero" circuló en muchos de los hogares banenses en la década de los cuarenta. Cecilia me contaba cómo Isolina incorporaba en trance sonambúlico a una entidad espírita conocida como El Guía y este le dictaba a ella, que era la amanuense los capítulos íntegros del libro de marras.

Pasaban a veces algunos meses y por alguna razón la entidad El Guía no se incorporaba, pues Isolina canalizaba a varias entidades y una vez se lograba restablecer el contacto, esta entidad le continuaba dictando el resto de los capítulos en una perfecta ilación. También sorprendía que el léxico empleado por esta entidad y aún por otras que se comunicaban a través suyo era muy superior al que poseía la propia médium en el estado normal de la vigilia, considerando que la joven Isolina había tenido que interrumpir sus estudios académicos apenas alcanzando vencer el cuarto grado de la enseñanza primaria, debido primeramente a su condición de salud, tan quebradiza y además por lo precario de la situación económica doméstica que obligó a la joven a trabajar, empleándose en trabajos de corte y costura en su propio hogar ayudando a su madre y hermanas en la confección de una especie de mosquiteros que llamaban en aquellos lejanos días, pabellones.

La familia vino a establecerse en Banes a comienzos de los años veinte de la pasada centuria y desde entonces la joven Isolina se entregó a la práctica del bien dentro de aquella comunidad que la veía como una santa y virtuosa mujer.

Isolina se caracterizaba, además, por el tratamiento a personas perturbadas mentalmente siguiendo las técnicas de desobsesión recomendadas por el Maestro Allan Kardec, contando únicamente como recurso la imposición de manos a modo de transferir energía positiva a los enfermos, así como la persuasión a los espíritus o entidades obsesoras a que levantaran su acción fluídica perturbadora sobre los afectados, en el nombre de Jesús.

En una ocasión esta noble mujer fue privada de su libertad por el ejercicio ilegal de la medicina y conducida al Reclusorio de Mujeres de Guanabacoa, en la provincia de La Habana. Allí se distinguió por su virtud y grandeza de espíritu, prodigando sus elevadas enseñanzas espirituales entre aquellas pobres mujeres descarriadas que la respetaban y amaban como a una madre.

Recuerdo un día del mes de abril del año 1954 cuando desencarnó Isolina. Los funerales fueron realmente apoteósicos. Nunca antes había visto tantas ofrendas florales. La casa mortuoria estaba literalmente inundada de coronas y de cojines de flores.

El sarcófago tendido sobre el suelo en señal de humildad estaba cubierto de rosas blancas. Desde el aire, Víctor García, un pariente de nuestra familia, registraba el paso del desfile mortuorio con una cámara filmadora de 16 mm en una avioneta alquilada.

Todavía recuerdo aquellos viejos filmes que nos mostraba Víctor en su hogar allá en la ciudad de Guantánamo, unos años después de aquel suceso y la anécdota que contaba del piloto que lo acompañaba en aquel vuelo. El aviador le refería que cada vez que tenía que sobrevolar el sitio de donde partiría el cortejo fúnebre sentía algo que vibraba muy fuerte, como una especie de magneto, que lo atraía inexplicablemente al lugar.

El comercio local cerraba sus puertas al paso de la caravana fúnebre en señal de duelo. La prensa local se hizo eco del acontecimiento. Muchos años después pude consultar la hemeroteca de la Biblioteca Pública de la ciudad de Banes y me leí los comentarios del notable periodista Rolando Gómez de Cárdenas en su revista literaria Portada, así como las notas que aparecieron en El Pueblo, el decano del periodismo banense, bajo la firma de nuestra querida Cristina Aguilera, notable periodista ya fallecida y en otras publicaciones locales.
Desde la prensa espírita nacional aparecieron esquelas y obituarios. Unas de estas notas la escribió la doctora Fidela Cobo Sabas desde las páginas de Reivindicación y el periodista villaclareño Isidoro Díaz Anido registraba el suceso para la revista Vida, que dirigía el recordado hermano Manuel García Consuegra, en Santa Clara.

Cierro los ojos para evocar una vez más aquellos memorables días e inevitablemente pienso en mi madre y me dejo llevar de su mano por la calle saludando a los vecinos que se acercaban para saludarla y conocer al pequeño vástago.

Doña Mariana Serrano nos esperaba casi siempre a la salida de la Casa de Isolina, pues vivía justo enfrente, luego visitábamos a mis padrinos, Josefa Mir y Rafael Domínguez y el paseo terminaba entonces en la casa de mi abuela. Luego vendría Don Rafael Tamayo en su viejo fotingo y nos conduciría de regreso al hogar en Veguitas.


© René Dayre Abella Fragmento del libro de relatos testimoniales Banes: La Piel de la Memoria.

jueves, 22 de julio de 2010

ÁNGEL INFANTE EN BANES FRAGMENTO DE MI LIBRO DE CRÓNICAS Y MEMORIAS BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA.

ÁNGEL INFANTE EN BANES
                                                                    ÁNGEL INFANTE
El día 15 de abril del año 1957 México perdió a un ícono de la música popular ranchera o de mariachis, como también se le llama a ese popular género musical. Pedro Infante Cruz fue un auténtico ídolo de masas. Su popularidad atravesó todas las fronteras y fue amado y luego llorado por multitudes en toda Latinoamérica.
En Cuba el pueblo lo adoraba y las clases más humildes de la sociedad cubana se identificaban con su música y con sus brillantes actuaciones escénicas en aquellos viejos filmes mexicanos donde Pedro casi siempre interpretaba a los personajes más populares. Aquel fatídico día de abril los cubanos también lloraron a Pedro, el ídolo del pueblo como muy pronto sería identificado para siempre.
A través de la radio los banenses comenzamos a escuchar la voz de Ángel Infante quien se dio a conocer masivamente interpretando un corrido dedicado a su propio hermano Pedro. El título era “Homenaje a Pedro Infante”.
Santiaguito Hernández, que además de poseer el cine Hernández y el famoso Teatro Oriente en Santiago de Cuba tenía muy buen olfato para los negocios que envolvían al mundo de la farándula, nos dio la gran oportunidad a todos los banenses de aplaudir personalmente al hermano del gran ídolo y de ese modo Ángel Infante nos visitó ese mismo año 1957.
Desde muy pequeño me sentí atraído por la música y el arte mexicanos. Creo que mi simpatía por la cultura mexicana se debió a la influencia que recibí de mi sobrino Pepe que siempre adoró todo lo mexicano, particularmente la música ranchera y el maravilloso cine de aquellos días que hoy consideramos clásico.
Todavía no se borra de mi memoria aquella noche de un día cualquiera de ese lejano año 1957 cuando pude disfrutar de aquel memorable espectáculo. Era la primera vez que podía escuchar “en vivo” a un mariachi y aquella sonoridad, sobre todo la música que desprendían los violines y las trompetas se grabarían para siempre en mi recuerdo.
Guardo en mi memoria una anécdota simpática de aquella velada. La presentación comenzaba como a las ocho de la noche, pero desde muy temprano la gente comenzaba a acudir al cine Hernández para garantizarse el mejor lugar en el lunetario. Yo tendría unos doce años, tal vez no cumplidos.
Me fui al cine con unos amigos de mi edad y como todos los muchachos curiosos quisimos ver la entrada de los músicos al viejo inmueble y luego comprar los tiquetes para entrar a ver el espectáculo. Frente al cine había un bar que no puedo recordar ahora mismo su nombre, pero no olvido que en una de sus esquinas interiores se ponía a vender sándwiches un señor alto y medio calvo que se apellidaba Pita.
Este hombre vendía unos emparedados de pierna de cerdo y queso exquisitos y muy baratos. Cada vez que yo iba a la matiné de los domingos no dejaba de comprarle esos ricos emparedados y de acompañarlos con un refresco.
Pues aquella noche vimos a unos mariachis que antes de ponerse a ensayar en el viejo cine se llegaron al puestecito de Pita y le pidieron algo de comer. Se sentaron a degustar aquellos emparedados cubanos y uno de ellos dijo:
“Oye tú estas madres están muy buenas pero como que les falta algo”. Y el otro repuso:”pos, sí, les falta chile”. Entonces Pita les acercó un pomito con ají güagüao encurtido. Los músicos sonrieron y luego exclamaron: “pos esto sí que enchila, son chiles habaneros!
Un rato después entramos al cine y dio comienzo el espectáculo. Fue todo muy emotivo. Ángel no se le parecía físicamente mucho a su hermano Pedro, pues era un poco más delgado que él y quizá más alto. Su voz era muy agradable y emocionó mucho al público cuando se dejó oír aquel segmento del corrido: “Mariachi que acompañaste a mi hermano Pedro Infante / une tu voz a la mía / pa ’que yo también le cante”.
Cuando ya todos nos disponíamos a dejar la sala escuché a una señora que dijo:
“¡Cómo le han salido ahora hermanos a Pedro Infante. Hasta en Banes!


 ESTA VIEJA FOTO DEL PARQUE CÁRDENAS EN CONSTRUCCIÓN MUESTRA AL FONDO EL TEATRO HERNÁNDEZ, ÚNICO ESCENARIO DONDE SE PRESENATRON LAS MÁS IMPORTANTES FIGURAS DEL ESPECTÁCULO NACIONAL Y FORÁNEO, COMO DOÑA LIBERTAD LAMARQUE,  ÁNGEL INFANTE Y EL INDIO ARAUCANO, SÓLO POR CITAR A ALGUNAS DE ESTAS FIGURAS.

miércoles, 21 de julio de 2010

CUANDO LIBERTAD LANARQUE VISITÓ BANES. UN FRAGMENTO DE MI LIBRO DE RELATOS TESTIMONIALES BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA.


CUANDO LIBERTAD LAMARQUE VISITÓ BANES

    A comienzos del año 1956, justo en febrero de aquel año se terminó de rodar en México la película “Historia de un Amor” dirigida por Miguel Gavaldón y que llevaba como estrella protagonista a la famosísima Doña Libertad Lamarque, una figura muy admirada y aplaudida por generaciones en Cuba y en toda Hispanoamérica.
    En ese mismo año y como parte de una gira de promoción de aquel film Doña Libertad visitó nuestro país y no olvidó a Banes, nuestro minúsculo terruño. De esa manera los banenses que admirábamos el talento desbordado y la personalidad tan exquisita de aquella legendaria figura del cine y de la canción tuvimos el privilegio de escucharla cantar para nosotros un maravilloso repertorio de canciones favoritas y por supuesto oírle interpretar en vivo aquel precioso tema “Historia de un Amor” que ya se ha convertido en un tema casi obligado en el repertorio de la cancionística popular de todo bolerista.
    Libertad se presentó en la sala del cinematógrafo Hernández. Banes no tenía salas de teatro u otros lugares idóneos para la realización de espectáculos como los que proliferan en las grandes  ciudades. En la gira la acompañaba su marido Alfredo Malerba  quien además de manejarle la carrera era su pianista acompañante. Hay que hacer notar que en aquellos lejanos días los artistas no contaban con el recurso de las pistas grabadas con el acompañamiento musical como hoy día y cuando no se hacían acompañar por una orquesta tenían que echar mano de un pianista. Ese era el caso de Libertad Lamarque cuando se presentó en Banes.
    Recuerdo que mi mamá le pidió a Ricardito Serrano un buen amigo de la familia que me llevase al cine y le dio dos pesos para que pagara mi entrada al espectáculo y la de él como una cortesía.
    Yo sólo tenía once años y recuerdo ahora con toda claridad que Libertad se presentó con un precioso vestido de color gris perla, adornado de pedrerías y luciendo unos pendientes de brillantes auténticos. Se dirigió al público comentando que era la misma prenda de vestir que usó en la película. Interpretó varias de sus canciones ya conocidas y aplaudidas por aquel público y luego se dispuso a deleitar al auditorio con el hit del momento: “Historia de un Amor”.
    Al terminar el espectáculo Ricardito me llevó de prisa hasta la calle y esperamos que Anabel Hernández, el hijo de Santiaguito Hernández propietario del cine y empresario artístico, condujese en su auto a los esposos artistas al Hotel Baní donde se habían hospedado.
    Evitando a la multitud que se había formado frente al viejo cine para despedirse de la estrella Ricardito logró llegar hasta la ventanilla de aquel auto y le dijo: “Libertad, el niño la admira y la quiere saludar” y me acercó lo suficiente como para que Doña Libertad me besara la mejilla y entonces me sentí  como extasiado. No podía creer que aquella mujer tan admirada por mí en los viejos films que veía junto a mi tía Queta , donde interpretaba los papeles de una mujer que siempre sufría  y me arrancaba lágrimas furtivas besaba tiernamente mi mejilla. ¡Era la gloria!








lunes, 19 de julio de 2010

DOS POEMAS INÉDITOS SOBRE BANES, EXTRAIDOS DE MI POEMARIO "POESÍA REPARTIDA".


" La tierra te duele,
la tierra te da
en medio del alma
si no la ves más"....
Fragmento de la canción " Mi Tierra"
Autor: Estéfano.

BANES, PRESENCIA REDIVIVA

Eres un punto diminuto
en la geografía de un país.

El ala negra de un totí.

Un vuelo de zunzunes
persiguiendo bijiritas.

Eres la sombra de un ocuje
y el sabor agridulce del marañón.

Eres el río Reventón
y el Charco de las Putas.

La vieja ceiba de la calle Mulas,
La Piedra del Pescuezo y el Monte Lamusén.

Eres la voz negra de un conjuro.
Los tres quilos prietos de un bilongo.

Eres Yemayá. Eres mi ancestro.
El caudal impetuoso de la sangre
que rompe mis arterias.

Eres la sobriedad de un viejo mueble
en la casa de Isolina.

Eres mi infancia desteñida
muriendo poco a poco.

Eres la ancianidad ennoblecida de mis padres.
La calidez de una sonrisa de mi hermano.

Eres Alfredo, Carlín, Pedro Quiñones,
amigos entrañables, solidarios.

Eres la nada existencial.

Eres la poesía mordiéndome los huesos,
despedazando el alma.

¡ Eres Otto, Charles, Mario Peña,diciendo sus poemas entre lágrimas!

Eres la voz acuciante de Francisco Mir gritando:
"¡No quiero las flores negras !".

Eres una noche de tertulia
en la casa de Pepito.

Eres el flagelo de un estigma
impuesto gratuito
que me llevó a vivir
casi a escondidas.

Eres una imagen desprendida del recuerdo
que hoy se puso a morir en el silencio.

Eres todo eso y eres más.
Eres la presencia rediviva de la tierra.
Un grito que enmudece entre mis huesos.
Eres la Patria en mí. Eres yo mismo.



© René Dayre Abella


MI PEQUEÑA GRAN CIUDAD
                               
                             A la memoria de Gastón Baquero y Otto Maletá, poetas.

Yo amo tus calles estrechas,
largas y empedradas
como cicatrices a flor de piel.

Admiro el paisaje bucólico de tu suelo.
Sencillamente campesino.

Quisiera llenar para siempre mis ojos
con el verdor intenso de tus pinos
que se yerguen tan altos, tan altivos.

Evocar aquellos días paseándome en tus calles
es como soltar de una vez a todos mis recuerdos
para que huyan a esconderse detrás de tus rincones.

¡Mi pequeña gran ciudad casi escondida
en los mapas de los textos escolares !
¡Tierra de raigambre taína! ¡Pedazo de mi patria!

Yo te saludo desde la lejanía
evocando la sombra del cacique Baní
en una noche iluminada sólo por cocuyos.

Humilde caserío casi despoblado cuando el Grito Mambí
supiste dar hijos valientes.

Cuna de trovadores y de poetas.
Viste nacer de ti al gran Gastón Baquero
y le llenaste el alma a Otto con murmullos.

Tierra de los padres de mis padres,
de mis abuelos.

Cuando la muerte ponga fin a mi destierro
descansar para siempre en ti,
sólo yo anhelo.

© René Dayre Abella








jueves, 15 de julio de 2010

BANES Y SUS PERSONAJES MÁS PINTORESCOS UN FRAGMENTO DE MI LIBRO DE RELATOS TESTIMONIALES BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA EN PROCESO DE EDICIÓN.


BANES Y SUS PERSONAJES PINTORESCOS

Toda ciudad, grande o pequeña, ha tenido siempre sus personajes entrañables.
La Habana, por ejemplo, tuvo al Caballero de Paris y quizá un sinnúmero de personajes más que se perdieron en el anonimato dada la vastedad del paisaje citadino.

A diferencia de la gran urbe, las ciudades del interior del país, sobre todo los pueblos pequeños, estos personajes quedaron para siempre en la memoria colectiva, gracias a su presencia casi obligada en el vivir cotidiano, convirtiéndolos así en legendarios.

Banes fue pródigo en esos seres casi mágicos. Desde pequeños los banenses los vimos deambular por las estrechas callejuelas del pueblito. A veces compartían nuestros juegos y disfrutábamos de sus ocurrencias y travesuras.

Con los ojos de la memoria evoco uno de aquellos días de mi niñez. Desde lejos se divisaba un cíngulo de cerros y lomeríos que parecía apretar al pequeño pueblo. Eran las lomas de El Retrete a poca distancia de Veguitas donde vivíamos. La carretera se extendía serpenteando el paisaje y a lo lejos se veía la figura de una mujer menuda con un retazo de tela blanca que le cubría la cabeza a modo de rebozo, protegiéndose así del sol inclemente.

Era Mercedes. Mercedes, así, a secas. La mayoría ignoraba sus apellidos. Solo sabíamos que vivía en las ruinas del Hogar Infantil en la barriada de El Negro y que había enloquecido luego de ser ultrajada por un tal Félix Almira. Un hombre adinerado.

Todavía no alcanzaba nuestra modesta vivienda y ya se oían sus voces: “pico, repico, tantos picos y yo sin un pico ¡Felialmira desgraciao!” Cada tarde repetía la misma rutina. Se comentaba que la pobre mujer se dirigía hasta la casa de ese mal hombre a gritarle toda clase de insultos y por supuesto este negaba siempre el aborrecible hecho aduciendo que era producto de su mente delirante.

Cuando nos mudamos a la ciudad de Guantánamo dejé de ver a Mercedes. Nunca más supe de ella. Seguramente pereció en la misma miseria en que había mal vivido sin recibir nunca cuidado psiquiátrico, ni otro tipo de atenciones.
La miseria y el abandono eran endémicos en la Cuba de aquellos días.

LUIS BOBERA Y OTROS PERSONAJES

Todavía recuerdo a Luis Bobera. Era un personaje muy simpático. Recorría el pueblo paseando a su novia en una carretilla y solicitando algunas monedas para sobrevivir.
Se cuenta que un día se propuso llevarse a su novia " La Morocha " a La Habana en su inseparable carretilla y lo logró.
Lo único cierto es que nunca más se les volvió a ver transitando las empedradas callejuelas del pequeño pueblo.


CORONEL

¿Qué banense no recuerda a Coronel? Este personaje era un hombre robusto, de color, muy parco al hablar. Sólo se le soltaba la lengua cuando se encontraba ebrio, lo que sucedía con gran frecuencia. Aún así no revelaba nunca detalles de su vida privada, por lo que nunca supimos cuándo y cómo llegó a Banes, aparentemente de La Habana, esto último a juzgar por una tonadilla que siempre tarareaba rechinando los dientes: “!Ay, La Habana, La Habana el que no la ve no la goza!” Una noche se acostó con la Muerte y jamás despertó.


TIO MONGO

Tío Mongo recorría las calles seguido por una cohorte de muchachos a quienes les divertía hacerle perder los estribos. El ”juego” consistía en pedirle la bendición. A la primera vez él respondía muy cortésmente:
“Dios te bendiga” A la segunda vez se ponía un poco molesto. ¡La bendición, Tío Mongo! ¡Dios te bendiga! .A la tercera vez replicaba: ¡ Dios te bendiga, cacho e’ cabrón!

CORONILLA

Coronilla era el mote que la gente le había endilgado a Alberto Pérez. Se ganaba el sustento soldando palanganas y orinales. Era hojalatero y vendía unos jarritos que hacía con las latas de leche condensada. Cuando los niños – que siempre son muy crueles – le gritaban: ¡Coronilla!, Alberto reponía afablemente: “Yo me llamo Alberto Pérez”. Nunca se enojaba. Otra de sus simpáticas anécdotas era aquella que contaba que además de anunciarse como soldador y hojalatero acostumbraba a vocear: “se alquila a mi mamá y a mi hermana pa’trabajar”.

CHUCHI

De todos los personajes que nombro en esta apretada relación sólo sobrevive Chuchi. Con los ojos y los oídos – sobre todo los oídos – de la memoria escucho el sonido tan peculiar de los sartenes, instrumento muy popular e infaltable, en una conga, al igual que la corneta china, que sólo se escucha en los carnavales santiagueros.
Chuchi, con sus escasos doce años era el responsable de hacer mover los pies al banense más apático a la sandunga y al baile popular, los llamados Pata e’ plancha, con el tintineo incontenible que lograba sacarle a aquellos sartenes.

Fue casi mi vecino en el Reparto Canales en el año 1956. Recuerdo a sus padres. Los tengo fotografiados en la memoria. Su mamá era una señora rubia y su papá era un hombre más bien enjuto y se apellidaba Driggs. Era hermano de Panito, de quien he hablado en estas memorias y de Rosita Driggs, que se dedicaba a la costura. No estoy muy seguro, pero creo que se llamaba Elides, porque también tenía otro hermano que se llamaba Eutimio, a quien traté muchas veces. Hombre muy jovial y muy dado a la buena conversación.

Chuchi tenía varias hermanas. Una de ella se llamaba Soledad y lamentablemente desarrolló esquizofrenia.

El Chuchi que yo recuerdo era simplemente un conguero. Con un oído musical muy agudo que sacaba melodía y ritmo a sus sartenes.

Dejé de verlo por muchos años. Actualmente escucho a algunos banenses de las nuevas generaciones referir anécdotas e historietas que lo vinculan a un ninfomaníaco, que persigue a las mujeres y sobre todo que roba las prendas íntimas femeninas como acostumbran los fetichistas. ¡Qué pena! Definitivamente ese no es el Chuchi que yo conocí.


LULU

A Lulú la conocían todos los niños del pueblo. Intervenía en nuestros juegos infantiles poniéndoles siempre un toque mágico, pues, para nosotros, era una suerte de performer. Por unas monedas o a veces a cambio de una naranja no solamente cantaba, sino que bailaba charlestón. Para nosotros aquel baile era una novedad, pues estábamos en plena década de los cincuenta y ese baile era la última moda en los años veinte y los treinta del siglo pasado. Hay que ver los viejos filmes hollywoodenses de esa época para tener una idea de la fiebre que provocaba en los entonces jóvenes.


EUSEBIO

Eusebio era una pobre víctima de la polio. De extracción campesina muy humilde. Su discapacidad no le permitía trabajar y lo condenaba a la indigencia y a la humillante mendicidad para sobrevivir. Siempre fue víctima de la maledicencia de los adultos indolentes y de la crueldad típica de los niños. El escarnio y las burlas de las que era objeto siempre le habían endurecido y alimentaban en su ser toda clase de resentimiento respondiendo a cada insulto con blasfemias y una lluvia de pedradas.

No olvido nunca un incidente muy lamentable que tuve la desafortunada ocasión de presenciar. Ocurrió una mañana luminosa de verano en el viejo Reparto Cárdenas. A sólo unas puertas de mi casa se encontraba ubicada la panadería La Humilde.

Esa mañana nos encontrábamos casi frente a sus puertas un pequeño grupo de amigos y compañeros Boy Scouts intercambiándonos “muñequitos ” y un panadero salió y le gritó “ pata e’ muelle” a Eusebio que atravesaba justo la calle. El panadero era un hombre de raza negra. Eusebio estaba ciego de furia y agarró una piedra y la lanzó con tal mala puntería que hizo blanco en la frente de Pepito Coronel, uno de mis amigos. Afortunadamente no le causó daños graves. Nunca vi a Eusebio tan encolerizado como aquella mañana. Se hincó en media calle y le gritó a aquel inconsciente: “¡Providencia, qué negrura!”.

Por supuesto que fue un arranque de explícito racismo injustificable. A la distancia de los años analizo aquella actitud de Eusebio y comprendo cómo fuimos condicionados por el prejuicio racial desde pequeños como parte del comportamiento que heredamos de nuestros abuelos españoles. Ese racismo más o menos velado subsiste hasta nuestros días en la sociedad cubana actual.

Lo arrastramos como un pesado lastre que nos descalifica como humanos plenos y civilizados frente a ciudadanos de otras latitudes. Lo peor es que ese racismo se ha institucionalizado en la actualidad. Recientemente tuve la oportunidad de ver un video de un espectáculo de comediantes de la isla y me repugnó. Es indignante escuchar frases donde califican a los orientales, particularmente a los santiagueros como palestinos y al prototipo de policía como un negro oriental.
La actitud de Eusebio se resume así: sí, yo soy una víctima de la polio y apenas deambulo, pero tú eres un negro. En la pobrísima escala de valores de Eusebio ser negro era la peor calamidad.

© René Dayre Abella Fragmento del libro de relatos testimoniales Banes: La Piel de la Memoria.

sábado, 10 de julio de 2010

"TESTAMENTO DEL PEZ" UN POEMA ANTOLÓGICO DE GASTÓN BAQUERO.

TESTAMENTO DEL PEZ

Yo te amo, ciudad,
aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,
aunque soy en tu olvido una isla invisible,
porque resuenas y tiemblas y me olvidas,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza
amenazando disolverte el rostro numeroso,
cuando hasta el silente cristal en que resido
las estrellas arrojan su esperanza,
cuando sé que padeces,
cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,
cuando mi piel te arde en la memoria,
cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando desciendes lívida y extática
en el sepulcro breve de la noche,
cuando alzas los párpados fugaces
ante el fervor castísimo,
cuando dejas que el sol se precipite
como un río de abejas silenciosas,
como un rostro inocente de manzana,
como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

Yo te amo, ciudad,
porque te veo lejos de la muerte,
porque la muerte pasa y tú la miras
con tus ojos de pez, con tu radiante
rostro de un pez que se presiente libre;
porque la muerte llega y tú la sientes
cómo mueve sus manos invisibles,
cómo arrebata y pide, cómo muerde
y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,
vistes la muerte de ropajes pétreos,
la vistes de ciudad, la desfiguras
dándole el rostro múltiple que tienes,
vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,
haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,
haciéndola sentirse un puente milenario,
volviéndola de piedra, volviéndola de noche
volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,
la vences, la reclinas,
como si fuese un perro disecado,
o el bastón de un difunto,
o las palabras muertas de un difunto.

Yo te amo, ciudad
porque la muerte nunca te abandona,
porque te sigue el perro de la muerte
y te dejas lamer desde los pies al rostro,
porque la muerte es quien te hace el sueño,
te inventa lo nocturno en sus entrañas,
hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,
y tú la ves crecer en tus entrañas,
pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,
con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,
la escuchas cómo roe y cómo lame,
cómo de pronto te arrebata un hijo,
te arrebata una flor, te destruye un jardín,
y te golpea los ojos y la miras
sacando tu sonrisa indiferente,
dejándola que sueñe con su imperio,
soñándose tu nombre y tu destino.
Pero eres tú, ciudad, color del mundo,
tú eres quien haces que la muerte exista;
la muerte está en tus manos prisionera,
es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.

Yo soy un pez, un eco de la muerte,
en mi cuerpo la muerte se aproxima
hacia los seres tiernos resonando,
y ahora la siento en mí incorporada,
ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,
me estoy volviendo un pez de forma indestructible,
me estoy quedando a solas con mi alma,
siento cómo la muerte me mira fijamente,
cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,
cómo habita mi estancia más callada,
mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,
yo soy quien vela el trazo de tu sueño,
quien conduce la luz hasta tus puertas,
quien vela tu dormir, quien te despierta;
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,
el fruto que madura, el brillo de una espada,
yo soy un pez, ángel he sido,
cielo, paraíso, escala, estruendo,
el salterio, la flauta, la guitarra,
la carne, el esqueleto, la esperanza,
el tambor y la tumba.
Yo te amo, ciudad,
cuando persistes,
cuando la muerte tiene que sentarse
como un gigante ebrio a contemplarte,
porque alzas sin paz en cada instante
todo lo que destruye con sus ojos,
porque si un niño muere lo eternizas,
si un ruiseñor perece tú resuenas,
y siempre estás, ciudad, ensimismada,
creándote la eterna semejanza,
desdeñando la muerte,
cortándole el aliento con tu risa,
poniéndola de espalda contra un muro,
inventándote el mar, los cielos, los sonidos,
oponiendo a la muerte tu estructura
de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles
una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,
navegarte la dura superficie dejando el mar,
dejarlo con su espejo de formas moribundas,
donde nada recuerda tu existencia,
y perderme hacia ti, ciudad amada,
quedándome en tus manos recogido,
eterno pez, ojos eternos,
sintiéndote pasar por mi mirada
y perderme algún día dándome en nube y llanto,
contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde
tu sombra gigantesca laborando,
en sueño y en vigilia,
en otoño, en invierno,
en medio de la verde primavera,
en la extensión radiante del verano,
en la patria sonora de los frutos,
en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,
laborando febril contra la muerte,
venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,
en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.

viernes, 9 de julio de 2010

LOS BANENSES UN FRAGMENTO DE MI LIBRO DE RELATOS TESTIMONIALES "BANES: LA PIEL DE LA MEMORIA" EN PROCESO DE EDICIÓN.


LOS BANENSES

    Banes siempre fue pródigo en personalidades brillantes.
En todos los ámbitos culturales y artísticos Banes destacó siempre por estar representado por celebridades. Tal es el caso, por ejemplo, del Poeta con mayúscula Gastón Baquero. Máxima figura de las letras hispanas.
    Además de Gastón Baquero, fueron también banenses Otto F. Maletá, Mario Peña Sánchez, quien además de poeta, destacó en la dramaturgia, así como en la actuación y la dirección escénicas. Don Ricardo Varona Pupo, periodista y primer historiador local, autor de BANES, una historia local publicada en el año 1930. 
    Rolando Gómez de Cárdenas, periodista, quien fundara, además la Revista Literaria “Portada”, Don Fernando Rodríguez, periodista fundador del decano de la prensa local “El Pueblo”.  Además de estos mencionados medios de prensa hay que agregar “El Demócrata” y en la vecina Antilla el periódico “El Sol”, fundado y dirigido por Enrique Causarás Abella, un sobrino de mi padre.
    En los espectáculos se distinguieron figuras como los hermanos Rigual, quienes triunfaron en México desde los años cincuenta del siglo pasado, de ellos es la autoría de la canción “Cuando Calienta el Sol”, popularizada más recientemente por el cantante mexicano Luis Miguel.
    Rosa Carmina, Doris de Goya, Angelita Castani, Náyade Proenza, soprano quien enseña en México,  el dúo Sindo y María Elena, Octavio Cotán, concertista de la guitarra, lamentablemente fallecido, y más cercano en nuestros tiempos el trovador Augusto Blanca Gil, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova,
    Otra de las figuras a destacar es la del poeta fallecido Francisco Mir Mulet, nuestro Paquitín,  quien además de destacar como un magnífico poeta, se distinguió, además, como un notable narrador, novelista, cuentista y también dramaturgo y actor. Se fue a residir a la Isla de la Juventud en el año 1975 y falleció en Nueva Gerona en el año 1998. Los pineros le honran también como a uno de los suyos.
    En los años treinta del pasado siglo XX en Banes surgió un pujante movimiento teosófico motivado por la divulgación casi universal de la Teosofía popularizada por Madame Blavatski y expuesta por autores como Annie Besant, quien entonces dirigía la Sociedad Teosófica en Adyar, India, así como Charles Leadbeater, antíguo obispo anglicano.
    En Banes el terreno ya estaba abonado por la labor ejercida por dos figuras que destacaron como médiums auténticas, quienes efectuaban fenómenos de efectos físicos como ectoplamía y demás. Estas médiums fueron Isolina Feria Ricardo y Esglórida Díaz, más conocida como  ”Lalín”.
    Debido a la espectacularidad de estos fenómenos, que hoy día llamaríamos paranormales y a la seriedad de las investigaciones, así como a la ausencia de interés económico o de protagonismo, tan caro a algunos pretendidos “médiums”  las personalidades más destacadas de la localidad, periodistas, jueces y hasta el jefe de la policía de la ciudad, se reunieron en torno a estas figuras y de ese primitivo grupo de investigadores psíquicos surgió el Movimiento Teosófico en Banes y la Logia  ”Unidad”.
    Una de las primeras figuras interesadas en divulgar estos fenómenos fue el fotógrafo Amado Proenza, quien fue además el primer Secretario de la mencionada logia y a iniciativa de él y del periodista y teósofo Eduardo Abril Amores nació un proyecto muy hermoso, que meció la cuna de la civilización en la comunidad: “El Pequeño Ciudadano”. Esta organización fundada por teósofos agrupó a jóvenes y adolescentes para educarlos en los valores cívicos y altruistas. Más tarde sirvió como edificio social para albergar a los Boy Scouts.
    Como pueden ver Banes nunca estuvo ajeno a la cultura, ni al elemento civilizador. Tampoco esta cultura era un privilegio para las clases ricas de la sociedad como pretenden hacernos creer los castristas hoy día. Tanto El Pequeño Ciudadano como la Academia Minerva, otra iniciativa de la Logia Teosófica Unidad extendían la educación a los niños de la clase más humilde de modo gratuito.





                                 EL TROVADOR AUGUSTO BLANCA GIL      LOS HERMANOS RIGUAL

BREVE HISTORIA DE BANES

Banes es uno de 14 municipios que comprende la provincia de Holguín en Cuba, ocupando su extremo septentrional. Por el sur limita con el municipio de Antilla y por el oeste con el de Rafael Freyre y Gibara. Al norte y este le bañan las aguas del Océano Atlántico. Comprendido en su territorio una superficie de 550 kilómetros cuadrados.

Historia

La ciudad cabecera del municipio fue fundada en 1887. Debe su origen a un caserío situado a orillas del río de su nombre y a consecuencias de la compra, por los señores Dumois, a varios propietarios de tierras que desmontaron para la siembra de plátanos. En agosto de 1896 con motivo de la guerra de Independencia fue destruida, cuando los insurgentes y vecinos que los apoyaron, cumpliendo órdenes del General Máximo Gómez, aplican la estrategia de la tea incendiaria en este asentamiento poblacional y en los campos y áreas de cultivo, destruyendo totalmente la zona, la cual fue reconstruida en el año 1898, dando paso a la floreciente ciudad de calles bien pavimentadas, arboledas como pocas en la isla y lo que fue un intenso movimiento comercial. Es también una de las ciudades heroicas de la historia de Cuba.
Sus barrios comprendían áreas urbanas, otros rurales, como; Ángeles, Berros, Cañadón, Durruthy, Este, Flores, Macabi, Mulas, Oeste, Retrete, Río Seco, Samá, Veguitas y Yaguajay. El aspecto general del terreno en este municipio es llano y ondulado, con algunas montañas en la costa. Es regado por los ríos Banes, Jagüeyes y Negro. Entre sus alturas se destacan la sierra en el barrio Yaguajay, y el punto cumbre es el Pan de Samá que logra los 290 metros de altura. Río Banes que nace en la falda meridional de las lomas de Mulas y va a desembocar a la costa norte por la orilla del puerto de Banes. Este río fue desviado de su curso natural por la United Fruit Company, algunas de cuyas plantaciones de plátanos estaban ubicadas en dicha cuenca. Es además el pueblo donde el 16 de enero de 1901 nació Fulgencio Batista, último presidente antes de la Revolución del primero de enero de 1959. El último alcalde de Banes se llamaba Jaime Pozo, el cual hasta sus últimos días amó a su pueblo y contribuyó con el desarrollo de la ciudad. La base económica del pueblo es el cultivo de la caña de azúcar, el turismo y el comercio. El municipio Banes, o Baní por su nombre según los aborígenes, cuenta con hermosas playas como, Playa Guardalavaca, Puerto Rico, Morales y Punta de Mulas, así como yacimientos arqueológicos que datan de la conquista de América, en el museo Indocubano Baní. En Banes también podrá encontrar zonas agrícolas y ganaderas, en general un lugar acogedor donde lo cotidiano es lo normal.





País Bandera de Cuba Cuba
• Provincia Holguín
• Municipio Banes
Ubicación 22°24′49″N 79°57′58″O / 22.41361, -79.96611
• Altitud n/d msnm
• Distancia n/d km a La Habana
Superficie n/d km²
Fundación 1887 (fundada por señores Dumois)
Población 34 452 hab. (2002
población de la ciudad de Banes)
• Densidad n/d hab./km²
Gentilicio Banenses





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miércoles, 7 de julio de 2010

GASTÓN BAQUERO (POEMAS)


Aproximación a Venus

                                     Para unas muchachas de Bances Candamo,
                                           al margen de un estudio de Pedro Penzol


Belzeraida, Armelina y Bradamante,
hermosas como el saludo matinal de la oropéndola,
vestidas de nostalgia y de poesía, decidieron
pasar un breve tiempo -el otoño no más, sólo el otoño-
en las praderas reservadas en el planeta Venus
para los viajeros de excepcional belleza.

(Los aztecas rezaban su poesía coral, noche
tras noche en honor del planeta, predilecto entre todos los del cielo).

Ellas sabían que en Venus es una falta a los dioses
no ser arrebatadoramente hermosos. Allí en Venus
sólo llegan a nacer los niños una vez comprobado,
en el vientre de la madre,
que no perturbarán el equilibrio que sostiene
cristalinamente encendido al astro en su burbuja de diamante,
que es la Belleza.
En Venus nos permiten asomarse a un balcón
a quien no posea un rostro perfecto, y una piel
tan tersa como el plumaje del colibrí, o como el canto
mañanero de la oropéndola.

(Los aztecas,
danzaban felices al entregar sus hijos al fulgor de Venus).

Belzeraida, Armelina y Bradamante,
entrelazadas como los versos de un poema,
fueron llevadas en volandas por el Sol en persona,
que delicadamente las hizo enflorecer en su jardín de Venus.
Y están allí, en el hogar que les era debido desde siempre
por su belleza, por su aterciopelada vestimenta
de nostalgia y poesía. El planeta,
festejó cumplidamente la llegada de hadas tan perfectas.

(Los aztecas tejíanle a Venus, con la sangre de sus príncipes más bellos,
túnicas de rubíes, diademas de himnos jubilosos).

Ahora, desde la tierra, podemos asomarnos de tiempo en tiempo
a contemplarle a Venus su recrecido fulgor. Y sentimos,
con un suave estremecimiento en la piel,
cómo vibra en el astro el alma de la música nacida
de la mirada azul de Belzeraida, de la
sensual sonrisa de Armelina, de
la promesa de amor de Bradamante.

1986

[Image]

Breve viaje nocturno

Mi madre no sabe que por la noche,
cuando ella mira mi cuerpo dormido
y sonríe feliz sintiéndome a su lado,
mi alma sale de mí, se va de viaje
guiada por elefantes blanquirrojos,
y toda la tierra queda abandonada,
y ya no pertenezco a la prisión del mundo,
pues llego hasta la luna, desciendo
en sus verdes ríos y en sus bosques de oro,
y pastoreo rebaños de tiernos elefantes,
y cabalgo los dóciles leopardos de la luna,
y me divierto en el teatro de los astros
contemplando a Júpiter danzar, reír a Hyleo.

Y mi madre no sabe que al otro día,
cuando toca en mi hombro y dulcemente llama,
yo no vengo del sueño: yo he regresado
pocos instantes antes, después de haber sido
el más feliz de los niños, y el viajero
que despaciosamente entra y sale del cielo,
cuando la madre llama y obedece el alma.

Canción

¡Toda mi miel
y toda mi delicia!
¡Toda mi infantil
malicia!
¡Toda alegría
y todo desazón!
¡Todo mi pequeño solar
junto al pino!
¡Todo lo que es noble
y todo lo que es fino,
con el alma toda
y todo el corazón!

Canción sobre el nombre de Irene

¡Qué bueno es estar contigo ante este fuego, Irene,
saber que sigues llamándote así, Irene;
que tu nombre no se te ha evaporado de la piel
como se evapora el rocío de la panza del sapo!

Ah decir Irene, Irene, Irene, Irene,
cerrando los ojos y diciendo nada más Irene
por el solo placer y la magia de decir Irene,
Pedaleando en el aire existas o no existas,
¡qué real y sólida eres, qué verdadera eres
en medio del irreal universo por llamarte Irene!

Las salamandritas del fuego se te quedan mirando,
y el humo, antes de irse, se detiene feliz a contemplarse
en el topacioespejo de tus ojos, como una mujer que se empolva la nariz
antes de entrar en el cementerio.

Y tú en tu aire,
y tú, impasible con tu abanico de llamas, sigues nada más
llamándote Irene,
segura de que todo el universo no puede despojarte de tu nombre de Irene!

Yo paseaba un día por el Tíber,
-Tíber de cascabeles ahogados, Tíber de pececitos oscuros
Tíber meado por Tiberio-,
y vi en medio del río una isla verdeante,
trabajada en la materia de las madréporas o de las malaquitas,
¡vaya usted a saber!, pero pequeñita y completamente real;
y vi en la orilla
una de esas estatuas del Tíber sumergidas por siglos,
donde el mármol se ha hecho róseo, y carnal, y blando;
y con mucho temor, con una reverencia, pregunté a la estatua:
-Perdone usted, señor, ¿cómo se llama esta isla?
Y con un gran desdén, entreabriendo apenas los labios y mirándome para nada,
                                                                                                            dijo suavemente:
-¿Cómo va a llamarse esta isla? Esta isla se llama Irene.

¡Qué bueno es estar contigo junto al fuego,
y saber que ahí estás, real y verdadera,
saber que estás ahí mientras afuera se evapora el mundo,
y que sigues y sigues,
y seguirás para siempre llámandote Irene!


  
El caballero, el diablo y la muerte

                                            Versos para un grabado de Durero

1. El caballero

Un caballero es alguien
que se opone al pecado.

Sale con paso de aventura
en busca del origen de su alma.
Sale hacia el sol,
dialogando con el múltiple espejo
del rocío.
Conoce la clara fisonomía
de cada estrella.
Ha sido huésped nemoroso
de cada árbol.
Ha templado su arma bendecida
en cada amanecer.

Un caballero es alguien
que se opone al pecado,
que requiere su espada
y despliega sus armas,
ante el malicioso rostro,
ante la incitación perfumada
de una doncella, cuyo pecho
resguarda los ámbitos del Paraíso.

El caballero avanza
ceñido por las ramas.
Su mirada es más fría
que su espada. Arde su corazón.
Su memoria persigue
los parajes extensos,
las sombras que atestiguan
un pasado más puro que los cielos.

El Caballero avanza por el bosque.
Los mirlos le siguen, le acompaña
el silencio de las ramas, y el aire.
Busca el lugar que canta
en el bosque remoto. Avanza
como un trémulo azor hacia el pecado.

2. El diablo

Resuenan sus pensamientos.
Combaten sus ojos cristalinos
con la más dura imagen del pecado.
Algo tiende sus frutos y procura
arrebatar su alma bajo el bosque:
es el diablo el que canta entre las ramas.

El diablo es la alegría
que entrega llanto y ríe.
Es el perfume que alarga una rosa
cuyo centro está hecho de tinieblas.
Es la campana que anda sola recorriendo el bosque,
y suena como un canto inocente, de llanto y risa.

El caballero escucha,
requiere sus armas,
atraviesa veloz las ramas,
ora.

El caballero sigue por el bosque.
Alguien lo llama aún con voz muy poderosa.
Trina el diablo, retiñe su campana, su cascabel
persigue, su risa avanza.

El caballero escucha: está lejos la sombra.
No hay música tan pura como el silencio.
No hay palacio tan puro como las ramas.
Su caballo comienza a encantarse, el aire
se viste de una serena música, corporal, cristalina:
el caballero avanza hacia la muerte.

3. La muerte

La muerte es el soldado
perpetuo del Señor.

Cuando alguien hiere
la mirada que nunca se fatiga
ella viene a volverlo
ser único del mundo ante esos ojos.

Cuando alguien deja hundir su sueño
detrás del propio cuerpo,
ella viene a golpearle
amorosa los hombros,
y descubre un viajero
más despierto y profundo.

Cuando alguien olvida
su existencia,
ella viene y desgrana
en lugar suyo
la melodía abierta del ascenso;
esparce como el agua por el suelo
el lento descender,
el ir arriba.

Cuando es llamada
por aquél que no puede con su alma,
se oculta entre la malla de los días;
luego se cubre el pecho
con su coraza negra,
y armada de su lanza,
su caballo y su escudo,
se arroja inesperada
entre la hueste erguida.
Tala sin ruido
lo pesado y lo leve.
No pregunta ni escucha.
Trabaja y parte
hacia otro ser,
único en el mundo,
que la espera aunque duerma,
que la espera y despierta
para encontrarse solo
ante su cuerpo abierto,
sin secreto y sin mundo
delante del Señor.

Ella atraviesa el tiempo
como atraviesa el polvo los espacios.
Sus combates
renacen el instante en que los cielos
sin peso fueron levantados
y fueron destruidos.
Para ella las flores,
el adiós, la sonrisa,
la aflicción que no acierta,
lo hiriente y lo amoroso.
Para ella el olvido,
el no mirarla nunca
destruir el espejo,
devorar el silencio,
arrinconar el mundo.
Para ella los brazos,
los metales más puros,
los signos, el lamento,
que todo esto alcanza
a dejar que su canto
penetre hasta las hondas
claridades del cuerpo.

La muerte es el soldado
perpetuo del Señor.

Cada muerto es de nuevo
la plenitud del mundo.
Por cada muerto habla
la piedad del Señor.
Aquella que nos busca
debajo de lo oscuro,
la que nos pone en llamas
otra vez como el día
en que los cielos fueron
creados y deshechos,
es la siempre perdida,
la siempre rechazada,
pero la siempre entera,
corporal, cristalina,
memoria del Señor.

El Caballero rinde
sus armas a la muerte.
Su corcel se arrodilla
lentamente en el aire.
Las ramas tienden
hacia el cielo su alma,
cantan a su gloria,
le entregan al Señor.

  El hombre habla de sus vidas anteriores

Cuando yo era un pequeño pez,
cuando sólo conocía las aguas del hermoso mar,
y recordaba muy vagamente haber sido
un árbol de alcanfor en las riberas del Caroní,
yo era feliz.

Después, cuando mi destino me hizo
reaparecer encarnada en la lentitud de un leopardo,
viví unos claros años de vigor y de júbilo,
conocí los paisajes perfumados por la flor del abedul,
y era feliz.

Y todo el tiempo que fui
cabalgadura de un guerrero en Etiopía,
luego de haber sido el tierno bisabuelo de un albatros,
y de venir de muy lejos diciendo adiós a mi envoltura
de sierpe de cascabel,
yo era feliz.

Mas sólo cuando un día
desperté gimoteando bajo la piel de un niño,
comencé a recordar con dolor los perdidos paisajes,
lloraba por algunos perfumes de mi selva, y por el humo
de las maderas balsámicas del Indostán.
Y bajo la piel de humano
ya llevo tanto sufrido, y tanto y tanto,
que sólo espero pasar, y disolverme de nuevo,
para reaparecer como un pequeño pez,
como un árbol en las riberas del Caroní,
como un leopardo que sube al abedul,
o como el antepasado de una arrogante ave,
o como el apacible dormitar de la serpiente junto al río,
o como esto o como lo otro ¿o por qué no?,
como una cuerda de la guitarra donde alguien,
sea quien sea,
toca interminablemente una danza que alegra de
igual modo a la luna y al sol.
[Image]

Génesis

Sus rodillas de piedra, sus mejillas
frescas aún de la reciente alga;
sus manos enterradas en la arcilla
que el cuerpo oscuro hacia la luz cabalga;

y su testa nonata todavía, blanda silla
de recóndita luz, de espera larga,
fue ascendiendo detrás de la semilla
ida del verbo a la región amarga.

Ciego era Adán cuando la augusta mano
le impartió su humedad al rostro frío.
Por el verbo del agua se hizo humano,

por el agua, que es llanto en desvarío,
se fue mudando hacia el jardín cercano
e incendió con su luz el astro frío.
[Image]

Jamás, con ese final

Si tomas entre los dedos
la palabra amor,
y la contemplas de derecho a revés,
y de arriba abajo,
verás que está hecha de algodón,
de niebla,
y de dulzura.

Si después aprisionas
la palabra música,
sentirás entre tus dedos
el crujir de una frágil
lámina de arena.

Si cae entre tus manos
la palabra jamás,
la terrible palabra
que pone punto final a la pasión
y al destino,
sentirás que está lleno de infinito,
y que la serpiente inmóvil de la S
es un eslabón entre el fuego y la nieve,
entre el infierno y el cielo,
entre el amor y la música.

La palabra jamás con ese al final
no termina nunca;
rodea la tierra y salta luego,
perdiéndose en el océano
de las estrellas.
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La casa en ruinas

                                                  Une rose dans les ténèbres
                                                                                                S. M.


Hoy he vuelto a la casa donde un día
mi infancia campesina conociera
el pavor y la extraña melodía
de encontrar otra vez lo que muriera.

Ya nada atemoriza, nada altera
el ritmo de la sangre. Aquí vivía
(cuando era mi vida primavera)
la que a los niños en dioses convertía.

Vacío el caserón, rotas las jarras
que las rosas colmaron de belleza,
en vano vine en busca de mí mismo:

todo es inútil ya, perdidas las amarras,
y vencedoras las ruinas, es la pobreza
la única rosa nacida en el abismo.
[Image]

La mariposa

Teresa:
traía para ti,
entre las manos,
una mariposa.

Era roja, era azul,
era oriblanca,
era tan linda,
que al verla bajo el sol
esta mañana,
quise que la tuvieras
o al menos la miraras.

Traía para ti,
lleno de contentura
aquella mariposa
que aleteaba en mis manos
como un pajarito.
¡Quería verte la cara
cuando vieras saltar
sobre tu falda
aquella mariposa!

Pero ya junto a tu casa
vi otra mariposa
sola, amarilla, y verde,
parecía estar triste
como un hombre sin novia,
y pensé si sería
la novia de la mía:
y abriendo las mis manos
dejé que se escapara
la oriblanca, la azul,
la roja mariposa;
y las dos se volaron,
y juntas fueron a quererse
perdidas por el cielo.De "Poemas escritos en España"

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Las estrellas

¡Cuántas estrellas anoche!
¡Yo las veía tan claras y cercanas
como higos de cristal, como frutillas azules!
Me parecía, Teresa,
que todas las estrellas te miraban
con la misma alegría con que te miran
los ojos de mi alma.

Bocarriba en el campo,
solos la tierra y yo con las estrellas,
yo ponía mis ojos
en el pueblo de ojillos azulosos
que desde arriba podía contemplarte
con tantos ojos como estrellas tiene
el cielo blanco.

¿O serán las estrellas
las orejas del cielo,
por donde arriba oyen
tu cantar cuando hilas
o tu risa en el baile?

¿O serán las estrellas
como un sarpullido
que en la piel del cielo
provoca rasquiñas,
y comezón, y ansias,
y por eso titilan
y brincan las estrellas?

No: son ojos las estrellas,
son miradas, son fiestas.
Yo anoche bien veía
que estaban contentas y felices,
como quien puede mirar desde un collado
a una moza llamada Teresa
mientras va por la cabra
o recoge azucenas.

Y yo quería tener, yo deseaba
tantos ojos como tiene el cielo
para verte con ellos. Yo me sentía
el cuerpo hecho un acerico
de estrellas y de ojos.
Por la piel
me picaban y corrían
todas las estrellas.
¡Pudiera yo ser cielo
y eternamente verte
con los innumerables ojos
de mis estrellas!

Sentados a los pies del profesor
preguntábamos: ¿y la eternidad?
Y el buen viejo nos miraba con enojo,
hasta que por fin decía, contemplándose las manos:
"La eternidad no ha sido definida, pues se necesita
una eternidad entera para que abarquemos
el concepto de la eternidad. ¿Habéis comprendido?"
Y nosotros, sentados a los pies del profesor,
nos reíamos tanto, reíamos con tan poco cansancio,
que nos llevaba una eternidad consumir la risa
producida por la definición exacta de la eternidad.

[Image]
Nocturno luminoso

                                              Music I beard with you was more than music,
                                      and bread I broke with you was more than bread.

                                                                                                                
Conrad Aiken

Como un mapa pintado de violento amarillo sobre una pared gris,
como una mariposa aparecida de súbito en medio de los niños en el aula,
inesperadamente así, cuando es más noche la noche de los ciegos extraviados
                                                                                                             en el laberinto,
puede aparecer de pronto una figura humana que sea como un cirio
                                                                                                             dulcemente encendido,
como el sol personal, o como el recuerdo de que hay también estrellas
                                                                                                             y hermosura,
y algo bello cantando todavía entre las viejas venas de la tierra.
Como un mapa o como una mariposa que se queda adherida en un espejo,
la dulce piel invade e ilumina las praderas oscuras del corazón;
inesperadamente así, como la centella o el árbol florecido,
esa piel luminosa es de pronto el adorno más bello de una vida,
es la respuesta pedida largamente a la impenetrable noche:
una llama de oro, un resplandor que vence a todo abismo,
un misterioso acompañamiento que impide la tristeza.

Como un mapa o como una mariposa así de simple es amar.
¡Adiós a las sombras, a los días ahogados de hastío, al girovagar la Nada!
Amar es ver en otra persona el cirio encendido, el sol manuable y personal
que nos toma de la mano como a un ciego perdido entre lo oscuro,
y va iluminándonos por el largo y tormentoso túnel de los días,
cada vez más radiante,
hasta que no vemos nada de lo tenebroso antiguo,
y todo es una música asentada, y un deleite callado,
excepcionalmente feliz y doloroso a un tiempo,
tan niño enajenado que no se atreve a abrir los ojos, ni a pronunciar una palabra,
por miedo a que la luz desaparezca, y ruede a tierra el cirio,
y todo vuelva a ser noche en derredor
la noche interminable de los ciegos.

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Olvido

¡Cómo el olvido ha ido destruyendo
el mundo aquel que edificamos juntos!
¡Las abejas sonoras, los pastos, el estruendo
del río bramador acorralado, los difuntos
ecos del viento que partió gimiendo
con tu enorme cadáver, y ardió los juncos
con llama tan veloz que aún está ardiendo,
con ceniza tan cruel que aún están truncos!

Donde hubo razón de frescos vinos,
de panes floreciendo en la alborada,
de reluciente fruto mantenido

en remotos estrados cristalinos,
hoy sólo queda una sombra desgarrada
y tus restos luchando con mi olvido.
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Palabras escritas en la arena por un inocente

I
Yo no sé escribir y soy un inocente.
Nunca he sabido para qué sirve la escritura y soy un inocente.
No sé escribir, mi alma no sabe otra cosa que estar viva.
Va y viene entre los hombres respirando y existiendo.
Voy y vengo entre los hombres y represento seriamente el papel que ellos quieren:
Ignorante, orador, astrónomo, jardinero.

E ignoran que en verdad soy solamente un niño.
Un fragmento de polvo llevado y traído hacia la tierra por el peso de su corazón.
El niño olvidado por su padre en el parque.
De quien ignoran que ríe con todo su corazón, pero jamás con los ojos.
Mis ojos piensan y hablan y andan por su cuenta.
Pero yo represento seriamente mi papel y digo:
Buenos días, doctor, el mundo está a sus órdenes, la medida exacta de la tierra
es hoy de seis pies y una pulgada, ¿no es ésta la medida exacta de su cuerpo?
Pero el doctor me dice:
Yo no me llamo Protágoras, pero me llamo Anselmo.
Y usted es un inocente, un idiota inofensivo y útil.
Un niño que ignora totalmente el arte de escribir.
Vuelva a dormirse.

II
Yo soy un inocente y he venido a la orilla del mar,
Del sueño, al sueño, a la verdad, vacío, navegando el sueño.
Un inocente, apenas, inocente de ser inocente, despertando inocente.
Yo no sé escribir, no tengo nociones de lengua persa.
¿Y quién que no sepa el persa puede saber nada?
Sí, señor, flor, amor, puede acaso que sepa historia de la antigüedad.
En la antigüedad está erguido Julio César con Cleopatra en los brazos.
Y César está en los brazos de Alejandro.
Y Alejandro está en los brazos de Aristóteles.
Y Aristóteles está en los brazos de Filipo.
Y Filipo está en los brazos de Ciro.
Y Ciro está en los brazos de Darío.
Y Darío está en los brazos del Helesponto.
Y el Helesponto está en los brazos del Nilo.
Y el Nilo está en la cuna del inocente David.
Y David sonríe y canta en los brazos de las hijas del Rey.
Yo soy un inocente, ciego, de nube en nube, de sombra a sombra levantado.
Veo debajo del cabello a una mujer y debajo de la mujer a una rosa y debajo
                                                                                                  de la rosa a un insecto.
Voy de alucinación en alucinación como llevado por los pies del tiempo.
Asomado a un espejo está Absalom desnudo y me adelanto a estrecharle la mano.
Estoy muerto en este balcón desde hace cinco minutos lleno de dardos.
Estoy cercado de piedras colgado de un árbol oyendo a David.
Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom!
Nunca comprendo nada y ahora comprendo menos que nunca.
Pero tengo la arena del mar, sueño, para escribir el sueño de los dedos.
Y soy tan sólo el niño olvidado inocente durmiéndose en la arena.

III
«Yo soy el más feliz de los infelices».
El que lleva puesto sombrero y nadie lo ve.
El que pronuncia el nombre de Dios y la gente oye:
Vamos al campo a comer golosinas con las aves del campo.
Y vamos al campo aves afuera a burlarnos del tiempo con la más bella bufonada.
Pintando en la arena del campo orillas de un mar dentro del bosque.
Incorporando las biografías de hombres submarinos renacidos en árboles.
Atahlía interrumpe todo esfuerzo gritando hacia los cielos traición, traición!
Nos encogemos de hombros y hablamos con los delfines sobre este grave asunto.
Contestan que se limitan a ser navíos inesperados y tálamos de ruiseñores.
Que lo dejen vivir en todo el mar y en todo el bosque.
Escalando los delfines los árboles y las anémonas.
Comprendo y sigo garabateando en la arena.
Como un niño inocente que hace lo que le dictan desde el cielo.

IV
Bajo la costa atlántica.
A todo lo largo de la costa atlántica escribo con el sueño índice:
Yo no sé.

Llega el sueño del mar, el niño duerme garabateando en la arena,
escucha, tú velarás, tu estarás, tú serás!
«Sí, es Agamenón, es tu rey quien te despierta,
Reconoces la voz que golpea en tus oídos».
¿Por qué vas a despertarle rey de las medusas?
¿Qué vigilas cuando todos duermen y no estás oyendo?
Las cúpulas despiertas. Las interminables escaleras de la memoria.
Oye lo que canta la profunda medianoche:
Reflexiona y tírate en el río.
De la mano del rey tírate en el río.
Nada como un amigo para ser destruido.
Prepárate a morir. Invoca al mar. Mírame partir.
Yo soy tu amigo.
No! Si yo soy tan sólo un niño inocente.
Uno a quien han disfrazado de persona impura.
Uno que ha crecido de súbito a espaldas de su madre.
Pero nada comprendo ni sé, me muevo y hablo
Porque los otros vienen a buscarme, sólo quisiera
Saber con certidumbre lo que pasó en Egipto
Cuando surgió la Esfinge de la arena.
De esta arena en que escribo como un niño
Epitafios, responsos, los nombres más prohibidos.
Escribiendo su nombre y borrándolo luego,
Para que nadie lea, y los peces prosigan inocentes.
Y los niños corran por las playas sin conocer el nombre que me muere.

V
«Qué soy después de todo sino un niño,
Complacido con el sonido de mi propio nombre,
Repitiéndolo sin cesar,
Apartándome de los otros para oírlo,
Sin que me canse nunca?».

Escribo en la arena la palabra horizonte
Y unas mujeres altas vienen a reposar en ella.
Dialogan sonrientes y se esfuman tranquilas.
Yo no puedo seguirlas, el sueño me detiene, ellas van por mis brazos
Buscando el camino tormentoso de mi corazón.
El horizonte guarda los amigos perdidos, las naves naufragadas,
Las puertas de ciudades que existieron cuando existió David.

Yo no comprendo nada, yo soy un inocente.
Pero los dejo irse temblando por el camino de los brazos,
Sangre adentro, centellas silenciosas,
Ahora los escucho platicar por las venas,
fieles, suntuosamente humildes, vencidos de antemano.
Hablan de las antiguas ciudades, hablan de mujeres esfumadas, gritan
                                                                                                 y corren apresurados.

Esta mano de un rey me pertenece.
Esta Iglesia es mi casa. Son mis ojos
Quienes la hacen alta y luminosa. Aquel torso
Que sirve de refugio a un bienamado pueblo de palomas
Escapado ha de mí. Han escrito una letra de mi nombre
En las tibias espaldas de aquel árbol. ¿Quién es esta mujer?
La oigo mis verdades. Ella conoce el preciado alimento.
Va inscribiendo mi nombre sobre sepulcros olvidados.
Ella conoce la destreza de amor con que se yergue
Dentro de mí un cuerpo esplendoroso. Ella vive por mí.
¿Cómo responde cuando soy llamado? ¿Cómo alcanza
A su terrible boca el alimento que deparado fuera a mis entrañas?
Ahora comprendo que su cuerpo es el mío.
Yo no termino en mí, en mí comienzo.
También ella soy yo, también se extiende,
Oh muerte, oh muerte, mujer, alma encontrada,
¿Qué vigilas cuando todos duermen?
Oh muerte, feliz inicio, campo de batalla,
Donde las almas solas, puras almas, ya no se mueren nunca,
También se extiende hacia su extraña playa de deseos
Esta frente que en mí es destruida por ardientes deseos de otra frente.

Bajo este murmullo de guerreros por dentro de las venas
Pienso en los tristes rostros de los niños.
Pienso en sus conversaciones infantiles y en que van a morirse.
Y pienso en la injusticia de que no sean niños eternamente.

Y una voz me contesta:
Eres el más inocente de los inocentes.
Apresúrate a morir. Apresúrate a existir. Mañana sabrás todo.
A su oído infantil, a su inercia, a su ensueño,
Bufón, rojo anciano, sabio dominante, le dirás la verdad
Diciendo tus verdades, bufón, anciano dominante, sabio de Dios, alerta.
Mañana sabrás todo. Mañana. Duerme, niño inocente, duerme hasta mañana.
Le mostrarás el polvoriento camino de la muerte, anciano dominante,
Bufón de Dios, poeta.

To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day,
To the lasta syllable of recorded time;
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death: Out, out, brief candle!


Bufón de Dios, arrójate a las llamas, que el tiempo es el maestro de la muerte.
Y tú no estás, ya nadie te recuerda el cuerpo ni la sombra.
Hoy eres el bufón, que se levanta y ríe, padre de sus ficciones, sabio dominado.
Levántate sobre la última sílaba del tiempo que recordamos, levántate, terrible
y seguro, imponiendo tu sombra a la luz de la vida.

Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more; it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.


Mañana sabrás todo.
Vuelve a dormirte.

La vida no es sino una sombra errante,
Un pobre actor que se pavonea y malgasta su hora sobre la escena,
Y al que luego no se le escucha más, la vida es
un cuento narrado por un idiota, un cuento lleno de sonido y de furia,
Significando nada.

Vuelve a dormirte.

VI
Estoy soñando en la arena las palabras que garabateo en la arena con el
                                                                                                        sueño índice:
Amplísimo-amor-de-inencontrable-ninfa-caritativo-muslo-de-sirena.
Éstas son las playas de Burma, con los minaretes de Burma, y las selvas
                                                                                                                   de Burma.
El marabú, la flor, el heliógrafo del corazón. Los dragones andando de puntillas
                                                                                          porque duerme San Jorge.
Soñar y dormir en el sueño de muerte los sueños de la muerte.
Danos tiempo para eso. Danos tiempo. Tú eres quien sueña solamente.
«No. Yo no sueño la vida,
Es la vida la que sueña a mí,
y si el sueño me olvida,
he de olvidarme al cabo que viví».

VII
Andan caminando por las seis de la mañana.
¿Querría usted hacer un poco de silencio?
La tierra se encuentra cansada de existir.
Día tras día moliendo estérilmente con su eje.
Día tras día oyendo a los dioses burlarse de los hombres.
Usted no sabe escucharla, ella rueda y gime.
Usted cree que escucha las campanas y es la tierra quien gime.
Recoja sus manos de inocente sobre la playa.
No escriba. No exista. No piense.
Ame usted si lo desea, ¿a quién le importa nada?
No es a usted a quien aman, compréndalo, renuncie gentilmente.
Piense en las estrellas e invéntese algunas constelaciones.
Hable de todo cuanto quiera pero no diga su nombre verdadero.
No se palpe usted el fantasma que lleva debajo de la piel.
No responda ante el nombre de un sepulcro. Niéguese a morir. Desista.
                                                                                                                 Reconcilie.
No hable de la muerte, no hable del cuerpo, no hable de la belleza.
Para que los barcos anden,
«Para que las piedras puedan moverse y hablar los árboles».
Para corroborar la costumbre un poco antigua de morirse,
Remonten suavemente las amazonas el blanco río de sus cabellos.

VIII
«Yo soy el mentiroso que siempre dice su verdad».
Quien no puede desmentirse ni ser otra cosa que inocente.
Yo soy un niño que recibe por sus ojos la verdad de su inocencia.
Un navegante ciego en busca de su morada, que tropieza en las rocas vivientes
                                                                                                                            del cuerpo
humano, que va y viene hacia la tierra bajo el peso agobiante de su pequeño
                                                                                                                                   corazón,
Quien padece su cuerpo como una herejía, y sabe que lo ignora.
Quien suplica un poco más de tiempo para olvidarse.
La mano de su Padre recogiéndolo piadosa en medio del parque.
Sonriendo, sollozando, mintiendo, proclamando su nombre sordamente.
Bufón de Dios, vestido de pecado, sonriendo, gritando bajo la piel, por su
                                                                                                                   fantasma venidero.
Amor hacia las más bellas torres de la tierra.
Amor hacia los cuerpos que son como resplandecientes afirmaciones.
Amor, ciegamente, amor, y la muerte velando y sonriendo en el balcón
                                                                                           de los cuerpos más hermosos.
Las manos afirmando y el corazón negando.

Vuelve, vuelve a soñar, inventa las precisas realidades.
Aduéñate del corazón que te desdeña bajo los cielos de Burma.
Sueña donde desees lo que desees. No aceptes. No renuncies. Reconcilia.
Navega majestuoso el corazón que te desdeña.
Sueña e inventa tus dulces imprecisas realidades, escribe su nombre en las
arenas, entrégalo al mar, viaja con él, silente navío desterrado.
Inventa tus precisas realidades y borra su nombre en las arenas.
Mintiendo por mis ojos la dura verdad de mi inocencia.

IX
Estamos en Ceylán a la sombra crujiente de los arrozales.
Hablamos invisiblemente la Emperatriz Faustina,
Juliano el Apóstata y yo.
Niño, dijeron, qué haces tan temprano en Ceylán,
Qué haces en Ceylán si no has muerto todavía.
Y aquí estamos para discutir las palabras del Patriarca Cirilo,
Y hablaremos hebreo, y tú no sabes hebreo?

El emperador Constantino sorbe ensimismado sus refrescos de fresa.
Y oye los vagidos victoriosos del niño occidente.
Desde Alejandría le llegan sueños y entrañas de aves tenebrosas como la herejía.
Pasan Paulino de Tiro y Petrófilo de Shitópolis.
Pasan Narciso de Neronias, Teodoto de Laodicea, el Patriarca Atanasio.
Y el Emperador Constantino acaricia los hombros de un faisán.
Escucha embelesado la ascensión de Occidente.
Y monta un caballo blanquísimo buscando a Arlés.
El primero de Agosto del año trescientos catorce de Cristo.
Sale el Emperador Constantino en busca de Arlés.
Lleva las bendiciones imperiales debajo de su toga,
Y el incienso y el agua en el filo de su espada.
Faustina me prestaba su copa de papel
Y yo bebía del vino que toman los muertos a la hora de dormir.
Pero no conseguían embriagarme
Y de cada palabra que decían sacaba una enseñanza.
El pez vencerá al Arquitecto,
Los hijos son consubstanciales con el padre.
Si descubren un nuevo planeta, habrá conflagraciones, y renunciará a existir el Sínodo de Antioquía.

Y de todo salía una enseñanza.

Estamos en Ceylán a la sombra de los crujientes arrozales.
Mujeres doradas danzan al compás de sus amatistas.
Niños grabados en la flor de amapola danzan briznas de opio.
Y en todo el paraninfo de Ceylán las figuras del sueño testifican:
¿Quién es ese niño que nos escribe en palabra en la arena?
¿Qué sabe él quién lo desata y lanza?

Me prestaba su copa de papel.
El patriarca hablaba desde su estatua de mármol, con su barba natural y
                                                                                                              voz de adolescente:
Preparáos a morir. La hora está aquí. Vengan.
Continuaba bebiendo el vino de los muertos y fingía dormir.
El patriarca me ponía su manto para cuidarme del sueño.
Y oía su diálogo por debajo del vuelo, la voz enjoyada de Faustina, la voz
                                                                                                                        de la estatua,
el vino de Ceylán, la canción de los pequeños sacrificados en la misa de Ceylán.

¿Quién es ese niño que nos escribe en palabras en la arena?
¿Qué sabe él quien lo desata y lanza?

Una voz contesta desde su garganta de mármol:
Dejadlo dormir, es inocente de todo cuanto hace,
Y sufre su sangre como el martirio de una herejía.
Dormir en la voz helena de Cirilo.
Con las soterradas manos de Faustina.
Dialogando interminablemente Juliano el Apóstata.

X
Echemos algunas gotas de horror sobre la dulzura del mundo.
Mira tu corazón frente a frente, piensa en la terrible belleza y renuncia.
Los ancianos ya tiemblan al soplo de la muerte.
Los ancianos que fueron también la belleza terrible,
Los que turbaron un día las débiles manos de un niño en la arena.
Ellos son los que tiemblan ya ahora al soplo de la muerte.
Piensa en su belleza y piensa en su fealdad.
Aún los seres más bellos conducen un fantasma.
Ellos son los que tiemblan ya ahora al soplo de la muerte.
Escapa, débil niño, a la verdad de tu inocencia.
Y a todos los que se imaginan que no son inocentes
Y adelantándose al proscenio dicen:
Yo sé.

Dejemos vivo para siempre a ese inocente niño.
Porque garabatea insensatamente palabras en la arena.
Y no sabe si sabe o si no sabe.
Y asiste al espectáculo de la belleza como al vivo cuerpo de Dios.
Y dice las palabras que lee sobre los cielos, las palabras que se le ocurren,
a sabiendas de que en Dios tienen sentido.
Y porque asiste al espectáculo de su vida afligidamente.
Porque está en las manos de Dios y no conoce sino el pecado.
Y porque sabe que Dios vendrá a recogerle un día detrás del laberinto.
Buscando al más pequeño de sus hijos perdido olvidado en el parque.
Y porque sabe que Dios es también el horror y el vacío del mundo.
Y la plenitud cristalina del mundo.
Y porque Dios está erguido en el cuerpo luminoso de la verdad como en el cuerpo sombrío de la mentira.
Dejadlo vivo
para siempre.

Y el niño de la arena contesta: ¡Gracias!
Y una voz le responde:

Sea Pablo,
Sea Cefas,
sea el mundo,
sea la vida,
sea la muerte,
sea lo presente,
sea lo por venir,
todo es vuestro:
y vosotros de Cristo,
y Cristo de Dios.

Vuelve a dormirte.1941
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Preludio para una máscara

El rocío decora los restos de un naufragio
Donde sólo la muerte palpita débilmente.
Los astros ya no agitan sus tiernas cabelleras
Sobre el rostro invisible que decora el rocío.

Sin color se adelanta por la muerte un recuerdo
Que aprisiona en sus alas la forma que mi cuerpo
Tendrá cuando sea el tiempo de que la muerte quede
Enterrada en el rostro que decora el rocío.

Yo no quiero morirme ni mañana ni nunca,
Sólo quiero volverme el fruto de otra estrella;
Conocer cómo sueñan los niños de Saturno
Y cómo brilla la tierra cubierta de rocío.

Algo visible y cierto me arrastra por el alma
Hasta un balcón vastísimo donde nada aparece.
Allí me quedo inmóvil escuchando que muero;
Presintiendo aquel rostro que decora el rocío.

El árbol que mi sombra levanta cada día
Sediento de los cielos devora sus raíces;
Toca en las puertas blancas del naufragio lejano
Y florece en el rostro que decora el rocío.

Con el sol que solloza por la muerte que un día
Le hará rodar oscuro debajo de la tierra,
De súbito ilumina mi estancia venidera
Donde deslumbra el rostro que decora el rocío.

No soy en este instante sino un cuerpo invitado
Al baile que las formas culminan con la muerte.
Dondequiera que al tiempo me disimulo o niego
Surge radiante el rostro que decora el rocío.

Ahora me reconozco como un huésped que llega
A una estación extraña a pasar breves días.
Mi patria se desnuda serena entre las nieblas:
Su extensión es el rostro que decora el rocío.

No importa que la muerte sea una nieve eterna
Que a la forma en el tiempo aprisiona y exige.
Un valle silencioso florece en mi recuerdo,
Y siento que a mi rostro lo decora el rocío.
[Image]

¿Qué pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín...

                                                                   a Fina García Marruz

Qué pasa, qué está pasando siempre debajo del jardín
que las rosas acuden sin descanso.
Qué está pasando siempre bajo ese oscuro espejo
donde nada se oculta ni disuelve.
Qué pasa, qué está pasando siempre debajo de la sombra
que las rosas perecen y renacen.
Que nunca se desmiente su figura,
que son eternas sombras, idénticos recuerdos
Qué está pasando siempre bajo la tierra oscura
donde la luz levanta rubias alas
y se despliega límpida y sonora.
Qué está pasando siempre bajo el cuerpo secreto de la rosa
que no puede negarse al cielo temporal de los jardines,
que no puede evitar el ser la rosa, precisa voluntad, sueño visible.
Qué pasa, qué está pasando siempre sobre mi corazón
que me siento doliéndole a la sombra,
estorbándole al aire su perfil y su espacio.
Y nunca accedo a destruir mi nombre,
y no aprendo a olvidarme, y a morir lentamente sin deseos,
como la rosa límpida y sonora que nace de lo oscuro.
Que se inclina hacia el seno impasible de la tierra
confiando en que la luz la está esperando, creándose la luz,
eternamente fija y libertada bajo el cuerpo secreto de la rosa.

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Rapsodia para el baile flamenco

Dialogar con la muerte es la hermosa imprudencia
de quienes aprenden a cantar desde la cuna al borde del abismo.
El canto y la danza también pueden ser fervorosos rituales de la
                                                                                                             desesperanza,
escuelas de lo terrible pobladas de una infancia hipnotizadas por los ojos
                                                                                                                          de la madre,
los ojos de una fascinada mujer que a su vez viene rodando por los siglos,
con su encantamiento amarrado a la cintura, y quiere arrojarlo de sí,
con palmas, con gemidos, con arranques de un fuego que prende
otro fuego más hondo, para evitar el imperio de la ceniza en el alma,
y levantar la sangre hasta los rostros de los santos de papel.
La danza puede ser el idioma perdido de unos dioses,
la señal arrojada a la noche desde un faro hundido en el infierno,
la invitación a rugir de protesta y de odio contra el acabamiento humano,
la llamada al disfrute de placeres absolutamente baldíos, pero gratos por ello,
la plegaría burlona ante ídolos que perdieron todo su poder,
y son ahora piedrecillas azotadas por la danza.
Ese canto que viene de más allá de las entrañas,
este canto aprendido junto al muro de los cementerios,
este canto guardado entre sus vísceras por los errantes hijos de David,
este disfraz del llanto de las sinagogas, que lleva siglos resonando,
este canto hecho de milenios de mendicidad, de pavor y de adulterios,
este lamento que es un río de belleza y de sangre vertida por el amor prohibido,
este canto que es un hombre en fuga, un criminal acorralado,
un violador de niñas a la sombra del nardo, alguien
a quien el destino persigue con sus perros más feroces,
este canto y esta danza, hermanos gemelos de la muerte,
hijos de la calavera, sonidos del bailete que el diablo ensaya todos los días
a las puertas del cielo,
esta danza y este canto, esta belleza golpeadora en el bajo vientre, estas
victorias, elevan al hombre hasta más allá del glorioso desdén por la muerte,
                                                                                                                              lo mantean.
como a un polichinela humanizado por el impuro amor a la hetairas,
y esparcen y derraman la blanca sangre de la fecundación,
y al final lo entregan rendido a la orgullosa posesión del vacío;
esta danza y este canto, estas alucinaciones, estos esqueletos de carnosas grupas,
por los siglos, estos misteriosos gatos egipcios que saltan entre los brazos en arco
                                                                                                                  y muerden la cintura
de los bailarines, estas agrias flechas de lascivia contra el San Sebastián
que las contempla, este aquelarre ardiendo entre los muslos, y a la postre,
después de los altos himnos paganos a la carne, después del rostro contraído por el
miedo a la muerte, después de la pasión crispada y anhelante, del llanto denunciado
en las tenebrosas guitarras, esta danza y este canto se pierden en el vientre
de la noche, vuelan hacia los recónditos cementerios, y agazapados quedan;
                                                                                                                                          este canto
y esta danza, hasta mañana, hasta mañana otra vez, hasta siempre y más siempre, hasta mañana.


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Silente compañero

                                                                (Pie para una foto de Rilke niño)

Parece que estoy solo,
diríase que soy una isla, un sordomudo, un estéril.
Parece que estoy solo, viudo de amor, errante,
pero llevo de la mano a un niño misterioso,
que a veces crece de repente, y es un soldado aherrojado,
o es un hombre mayor meditabundo, un huésped del reino de los lúcidos,
y se encoge luego, se recoge hasta devolverse a la niñez,
con sus ojos denominable arcano, con su látigo inútil con su estupor,
y este niño retráctil me acompaña, y se llama Rainiero en ocasiones,
y en otras el Presente, y el Caballero Huérfano,
                                                      y el Soldado sin Dormir Posible,
y comulga con el comunicado mundo de ultratumba,
y conoce el lenguaje de los que abandonaron, condenados, el cuerpo,
y pelean a alma limpia por convencer a Dios de que se ha equivocado.

Parece que estoy solo en medio de esta fría trampa del universo,
donde el peso de las estrellas, el imponderable peso de Ariadna,
es tan indiferente como el peso de la sangre,
o como el ciego fluir de la médula entre los huesos;
parece que estoy solo, viendo cómo a Dios le da lo mismo
que la vida tome en préstamo la envoltura de un hombre o la
                                                                     concha de un crustáceo,
viendo lleno de cólera que Pergolesi vive menos que la estólida tortuga,
y que este rayo de luz no quiere iluminar nada,
y el sol no sospecha siquiera que es nuestro segundo padre.

Parece que estoy solo, y este niño del látigo fláccido está junto a mí,
derramando como compañía su mirada sagaz, temerosa porque
                                                                                      ha reconocido
el vacío futuro que le espera;
parece que estoy solo, y golpeándome el hombro está este niño,
este aislado de la multitud, lleno de piedad por ella,
que se inclina sobre el centro del misterio, y golpea y maldice,
y hace estremecerse al barro y al arcángel,
porque es el Testimonio, el niño pródigo que trae la corona
                                                                                         de espinas,
la verdad asfixiante del sordo y ciego cielo.

Cuando yo mismo sueño que estoy solo,
tiendo la mano para no ver el vacío,
y esta mano real, este concreto universo de la mano,
con destino en sí misma, inexorablemente creada para ser
                                                                           osamenta y ser polvo,
me rompe la soledad, y se aferra a la mano del niño, y partimos
hacía el bosque donde el Unicornio canta,
donde la pobre doncella se peina infinitamente,
mientras espera, y espera, y espera, y espera,
acompañada por las rotas soledades de otros seres,
conscientes del misterio, decididos a insistir en sus preguntas,
reacios a morir sin haber encontrado la clave de esta trampa.

Parece que estoy solo,
pero llevo en derredor un mundo de fantasmas,
de realidades enigmáticas como el pan y la silla,
y ya no siento asombro de llamarme Roberto o Antonio
                                                                                o Segismundo,
o de ser quizá un árbol a cuyo pie descansa un peregrino
en cuya mente vive como metáfora de su realidad la persona
                                                                                                 que soy;
pues sé que estoy aquí, realmente aquí, destruible pero ya
                                                                                         irrevocable,
y si soy sueño, soy un sueño que ya no puede ser borrado;
y una lejana voz confirma todas las anticipaciones,
y alguien dice -¡no sé, no quiero oírlo!-
que de esta trampa ni Dios mismo puede librarnos,
que Dios también está cogido en la trampa, y no puede dejar
                                                                                        de ser Dios.
porque la Creación cayó de sus manos al vacío,
tan perfecta y completa que el Señor, satisfecho,
se dedicó a crear otras creaciones,
y va de jardín celeste en jardín celeste, dando cuerda al reloj,
                                                                              atizando los fuegos,
y nadie sabe por dónde anda ahora Dios, a esta hora
                                                                      del día o de la noche,
ni en cuál estrella se encuentra renovando su curioso experimento,
ni por qué no deja que veamos la clave de esta trampa,
la salida de este espejo sin marco,
donde de tarde en tarde parece que va a reflejarse la
                                                                         imagen de Dios,
y cuando nos acercamos trémulos, reconocemos el nítido
                                                                               rostro de la Nada

Con este niño del látigo en la mano voy hacia el amanecer o
                                                                                      hacia el morir.
Comprendo que todo está ya escrito, y borrado, y vuelto a escribir,
porque la sucia piel del hombre es un palimpsesto donde emborrona
                                       y falla sus poemas el Demonio en persona;
comprendo que todo ya está escrito, y rechazo esa lluvia sin cielo
                                                                                       que es el llanto;
comprendo que nacieron ya las mariposas
que obligarán a palmotear de alegría a un niño que inexorablemente
                                                                                 nacerá esta noche.
y siento que todo está escrito desde hace milenios y para milenios,
                                                                                 y yo dentro de ello:
escrita la desesperación de los desesperados y la conformidad de los                                                                                                   conformes,
y echo a andar sin más, y me encojo de hombros, sin risa y sin llantos,
                                                                                             sin lo inútil,
llevando de la mano a este niño, silente compañero,
o soñándole a Dios el sueño de llevar de la mano a un niño,
antes de que deje de ser ángel,
para que pueda con el arcano de sus ojos
iluminarnos el jardín de la muerte.

De "Memorial de un testigo" 1966
[Image]
Soneto a las palomas de mi madre

A vosotras, palomas, hoy recuerdo
decorando el alero de mi casa.
Componéis el paisaje en que me pierdo
para habitar el tiempo que no pasa.

La más nívea de ustedes se posaba
a cada atardecer sobre un granado
y nevando en lo verde se quedaba
mientras pasase tarde por su lado.

Fuisteis la nieve alada y la ternura.
Lo que ahora sois, oh nieve desleída,
levísimo recuerdo que procura

rescatar por vosotras mi otra vida,
es el pasado intacto en que perdura
el cielo de mi infancia destruida.


[Image]
Soneto para no morirme

Escribiré un soneto que le oponga a mi muerte
un muro construido de tan recia manera,
que pasará lo débil y pasará lo fuerte
y quedará mi nombre igual que si viviera.

Como un niño que rueda de una alta escalera
descenderá mi cuerpo al seno de la muerte.
Mi cuerpo, no mi nombre; mi esencia verdadera
se inscrustará en el muro de mi soneto fuerte...

De súbito comprendo que ni ahora ni luego
arrancaré mi nombre al merecido olvido.
Yo no podré librarle de las garras del fuego,

no podré levantarle del polvo en que ha caído.
No he de ser otra cosa que un sofocado ruego,
un soneto inservible y un muro destruido.


Testamento delpez

Yo te amo, ciudad,
aunque sólo escucho de ti el lejano rumor,
aunque soy en tu olvido una isla invisible,
porque resuenas y tiemblas y me olvidas,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza
amenazando disolverte el rostro numeroso,
cuando hasta el silente cristal en que resido
las estrellas arrojan su esperanza,
cuando sé que padeces,
cuando tu risa espectral se deshace en mis oídos,
cuando mi piel te arde en la memoria,
cuando recuerdas, niegas, resucitas, pereces,
yo te amo, ciudad.

Yo te amo, ciudad,
cuando desciendes lívida y extática
en el sepulcro breve de la noche,
cuando alzas los párpados fugaces
ante el fervor castísimo,
cuando dejas que el sol se precipite
como un río de abejas silenciosas,
como un rostro inocente de manzana,
como un niño que dice acepto y pone su mejilla.

Yo te amo, ciudad,
porque te veo lejos de la muerte,
porque la muerte pasa y tú la miras
con tus ojos de pez, con tu radiante
rostro de un pez que se presiente libre;
porque la muerte llega y tú la sientes
cómo mueve sus manos invisibles,
cómo arrebata y pide, cómo muerde
y tú la miras, la oyes sin moverte, la desdeñas,
vistes la muerte de ropajes pétreos,
la vistes de ciudad, la desfiguras
dándole el rostro múltiple que tienes,
vistiéndola de iglesia, de plaza o cementerio,
haciéndola quedarse inmóvil bajo el río,
haciéndola sentirse un puente milenario,
volviéndola de piedra, volviéndola de noche
volviéndola ciudad enamorada, y la desdeñas,
la vences, la reclinas,
como si fuese un perro disecado,
o el bastón de un difunto,
o las palabras muertas de un difunto.

Yo te amo, ciudad
porque la muerte nunca te abandona,
porque te sigue el perro de la muerte
y te dejas lamer desde los pies al rostro,
porque la muerte es quien te hace el sueño,
te inventa lo nocturno en sus entrañas,
hace callar los ruidos fingiendo que dormitas,
y tú la ves crecer en tus entrañas,
pasearse en tus jardines con sus ojos color de amapola,
con su boca amorosa, su luz de estrella en los labios,
la escuchas cómo roe y cómo lame,
cómo de pronto te arrebata un hijo,
te arrebata una flor, te destruye un jardín,
y te golpea los ojos y la miras
sacando tu sonrisa indiferente,
dejándola que sueñe con su imperio,
soñándose tu nombre y tu destino.
Pero eres tú, ciudad, color del mundo,
tú eres quien haces que la muerte exista;
la muerte está en tus manos prisionera,
es tus casas de piedra, es tus calles, tu cielo.

Yo soy un pez, un eco de la muerte,
en mi cuerpo la muerte se aproxima
hacia los seres tiernos resonando,
y ahora la siento en mí incorporada,
ante tus ojos, ante tu olvido, ciudad, estoy muriendo,
me estoy volviendo un pez de forma indestructible,
me estoy quedando a solas con mi alma,
siento cómo la muerte me mira fijamente,
cómo ha iniciado un viaje extraño por mi alma,
cómo habita mi estancia más callada,
mientras descansas, ciudad, mientras olvidas.

Yo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,
yo soy quien vela el trazo de tu sueño,
quien conduce la luz hasta tus puertas,
quien vela tu dormir, quien te despierta;
yo soy un pez, he sido niño y nube,
por tus calles, ciudad, yo fui geranio,
bajo algún cielo fui la dulce lluvia,
luego la nieve pura, limpia lana, sonrisa de mujer,
sombrero, fruta, estrépito, silencio,
la aurora, lo nocturno, lo imposible,
el fruto que madura, el brillo de una espada,
yo soy un pez, ángel he sido,
cielo, paraíso, escala, estruendo,
el salterio, la flauta, la guitarra,
la carne, el esqueleto, la esperanza,
el tambor y la tumba.
Yo te amo, ciudad,
cuando persistes,
cuando la muerte tiene que sentarse
como un gigante ebrio a contemplarte,
porque alzas sin paz en cada instante
todo lo que destruye con sus ojos,
porque si un niño muere lo eternizas,
si un ruiseñor perece tú resuenas,
y siempre estás, ciudad, ensimismada,
creándote la eterna semejanza,
desdeñando la muerte,
cortándole el aliento con tu risa,
poniéndola de espalda contra un muro,
inventándote el mar, los cielos, los sonidos,
oponiendo a la muerte tu estructura
de impalpable tejido y de esperanza.

Quisiera ser mañana entre tus calles
una sombra cualquiera, un objeto, una estrella,
navegarte la dura superficie dejando el mar,
dejarlo con su espejo de formas moribundas,
donde nada recuerda tu existencia,
y perderme hacia ti, ciudad amada,
quedándome en tus manos recogido,
eterno pez, ojos eternos,
sintiéndote pasar por mi mirada
y perderme algún día dándome en nube y llanto,
contemplando, ciudad, desde tu cielo único y humilde
tu sombra gigantesca laborando,
en sueño y en vigilia,
en otoño, en invierno,
en medio de la verde primavera,
en la extensión radiante del verano,
en la patria sonora de los frutos,
en las luces del sol, en las sombras viajeras por los muros,
laborando febril contra la muerte,
venciéndola, ciudad, renaciendo, ciudad, en cada instante,
en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas.